Es la sexta película en 15 años, ahora con un tercer actor calzándose el traje (mucho más tecno, eso sí) del Hombre Araña. Difiere de sus predecesoras en que no arranca de cero, no hay picadura de araña (Tom Holland ya aparecía en Capitán América: Civil War) y está ambientada de lleno en el Universo Marvel, con Tony Stark/Iron Man (Robert Downey Jr.) como personaje secundario y figura paterna.
Aquí Peter Parker es el adolescente que Tobey Maguire no daba, aunque hay que sacarse el sombrero ante la primera trilogía dirigida por Sam Raimi. Spider-Man: De regreso a casa es más una estudiantina, con un chico enamorado de su compañera Liz y que ansía ser un superhéroe pero es inmaduro. Esto no es nuevo: Peter necesita saber que está a la altura de las responsabilidades de superhéroe con sus superpoderes.
Porque ya lo sabemos: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, como le había dicho el fallecido tío Ben en el cómic original. Aquí el tema es seguir a Liz o asumir su compromiso de superhéroe adolescente. Hay que pactar y entrar en el mundo del inverosímil permitido para no sucumbir en este tipo de películas. Si no, todo parecerá ridículo.
La historia empieza poco después de Capitán América: Civil War, con Peter tratando de ocultar su identidad secreta mientras hace todo lo posible por ingresar a Los Vengadores. Stark lo tiene bajo sus alas, pero ve que le falta un golpe (de horno y de los otros). Otro personaje, sí, alado (Vulture) será el enemigo de Spider-Man. Adrian Toomes (Michael Keaton, que al aceptar el papel pareciera parodiar u homenajear a Birdman, cada uno tendrá su opinión) vende poderosas armas nucleares en el mercado negro. Y Spider-Man quiere detenerlo.
Con todo, la cinta apunta a la diversión y al humor como no lo había hecho ninguna de las cinco anteriores… ni ninguna con los personajes de Los Vengadores. Al director Jon Watts no le pesa la herencia. Como que no ha mirado hacia atrás y le ha construido su propio camino al personaje. Este Spider-Man aparece, como los otros Vengadores, unido a esa liga de superhéroes, casi sin autonomía. Peter tiene como una muleta en Iron Man, como le pasa en la película Mujer Maravilla a la protagonista con Steve Trevor. ¿Falta de confianza en el personaje?
Los secundarios (Liz, la tía May —Marisa Tomei— o Ned, el sidekick que le adosaron a Peter) no aportan demasiado al conjunto en esta aventura que brinda más de comicidad que de acción: es una comedia de acción, no al extremo de Deadpool, y no una de acción con toques de comedia.












