Stanislaw Moniuszko retrató luchas sociales

"México * Agencias. Como una de las grandes figuras de la ópera polaca, definió el maestro Emilio Pérez Casas a Stanislaw Moniuszko, autor de ""Halka"", obra emblemática en la que retrató el sufrimiento y las luchas sociales que libró esa nación, para establecerse con la firmeza y dignidad propia de un gran pueblo.

El prestigioso pianista y maestro de canto tuvo a su cargo la última sesión del ciclo de conferencias ""México-Polonia"", que tuvo como sede a la Fonoteca Nacional de Conaculta, donde el concertista aseguró que la ópera fue un género distintivo no solamente de este compositor -considerado el más grande después de Chopin-, sino de todo el pueblo polaco.

Acompañado por Joanna Addeo, consejera cultural de la Embajada de Polonia en México; y de Víctor Manuel Rublúo Parra, presidente de la organización Martes de Ópera, Pérez Casas refirió que Moniuszko nació en Minsk, Bielorrusia, en mayo de 1819 e inició su instrucción musical cuando su familia se trasladó a Varsovia en 1827, para luego continuar su entrenamiento y después viajar a Berlín, en 1837, para estudiar composición.

Pérez Casas expuso que en 1840 regresó a Polonia, para ocupar el puesto de organista en la Iglesia de San Juan, ubicada en la actual Lituania, al tiempo que impartió lecciones de piano y buscó hacerse de nombre como compositor de música de cámara.

A decir de Pérez Casas la visita que Moniuszko hizo a Varsovia en 1846 resultó definitiva, pues conoció a renombrados artistas de la época, como Otto Holberg y especialmente, Wlodzimierz Wolski, joven escritor, autor del poema ""Halka"", en el aludía a la vida de una joven campesina enamorada de un hombre de la nobleza, del que esperaba un hijo y quien termina por engañarla, al comprometerse con la hija del administrador real, para así conservar su linaje y su riqueza.

Cautivado por la historia, Moniuszko solicitó a Wolski un bosquejo del libreto y, al regresar a Varsovia se dio a la tarea de musicalizar el poema para convertirlo en una ópera en dos actos. En mayo de 1847 concluyó el arreglo para piano y dos meses después envió la partitura terminada al Teatro Nacional de Varsovia, donde la nueva ópera fue aceptada si objeción y su estreno programado para finales del mismo año.

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