Sueño en otro idioma

Sueño en otro idioma

Sueño en otro idioma es una película mexicana dirigida por Ernesto Contreras con el guión de Carlos Contreras. El filme ilustra la crisis de las lenguas indígenas, algunas de las cuales están condenadas a su desaparición debido a la falta de hablantes entre las nuevas generaciones, lo que genera que se pierda formas concretas y únicas de darle sentido al mundo.

Se filmó en la Reserva de la Biosfera de los Tuxtlas en Veracruz y fue ampliamente galardonada. Entre los premios que recibió se encuentran seis premios Ariel, incluyendo las categorías de mejor actor y mejor película; y el Sundance Mahindra Global Filmmaking Award, por mejor guión.

Sueño en otro idioma relata la historia de Martin, un joven lingüista que viaja a Veracruz para realizar un estudio y documentación del zikril, idioma indígena ficticio que solo tiene dos hablantes, los ancianos Jacinta e Isauro. Sin embargo, la prematura muerte de Jacinta hace que Isauro y Martín tengan que recurrir a un tercer hablante casi desconocido, don Evaristo, un hombre amargado que en el pasado compartiera amistad con Isauro.

Los intentos de Martín dejarán al descubierto las verdaderas razones del conflicto entre Evaristo e Isauro, así como la tragedia que se vive debido al desuso de las lenguas indígenas, como es el caso del el ku’ahl de Baja California o el mochó de Chiapas.

La muerte de las lenguas

No solo es una película pionera en abordar la problemática de la desaparición de las lenguas en México, también se sumerge en temas tabú como lo es la homosexualidad en la vejez o la discriminación de las personas no hablantes del castellano. Asimismo, es ampliamente admirada por recrear de una forma digna la cosmovisión indígena y su vínculo con la lengua y la naturaleza.

De acuerdo con el guionista Carlos Contreras, la cinta está inspirada en un hecho semejante ocurrido en Tabasco. Carlos —que también es hermano del director Ernesto Contreras— leyó que los dos últimos hablantes de zoque ayapaneco estaban peleados, lo que condenaba la lengua a morir.

El proyecto fílmico contó con el apoyo y asesoramiento del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para darle verosimilitud a la historia. El trabajo de creación de zikril estuvo a cargo del lingüista Francisco Javier Félix Valdez, quien realizó un estudio de la aparición de fonemas en el español para darle estructura al nuevo idioma. La razón para crear otro idioma fue que los hermanos Contreras no querían usurpar o faltarle el respeto a los hablantes de las lenguas indígenas en México.

Lo que comienza como una historia acerca de un pueblo y una lengua que agonizan desesperadamente, se convierte en un relato sobre el poder que el orgullo y el rencor ejercen sobre el perdón. Los hermanos Contreras entendieron perfectamente que esta historia no era solamente sobre aquello que nos conecta con las raíces de nuestros pueblos originarios, sino también sobre esas pasiones que forjan nuestro carácter y que marcan el destino de nuestras vidas para siempre.

En el corazón de esta película se halla una poderosa historia de amor no correspondido, de una amistad resquebrajada por la ignorancia, la ingenuidad y la represión. Por otro lado, lo que la recubre es una piadosa mirada a los espacios rurales que ahora parecen abandonados por una sociedad cada vez más centralizada y temerosa, es un vistazo a lo mejor de esos territorios secuestrados hoy en día por la violencia que impera en nuestro país, porque uno de los méritos de Sueño en otro idioma es olvidarse de lo peligrosa que puede llegar a ser la provincia mexicana.

Los Contreras se olvidan del México que es y nos regalan una larga mirada al México que sabemos que está allá fuera pero al que pocas veces podemos acceder. Conforme evoluciona, se convierte también en una reflexión sobre ese entorno verde lleno de voces místicas donde lo real se fusiona con lo maravilloso, donde el corazón encuentra la paz junto al canto de las aves.

Bellos momentos cinematográficos

Las ideas que Sueño en otro idioma coloca sobre la mesa son complementadas por una técnica cinematográfica en ocasiones deslumbrante. Los sonidos de la jungla, como la lluvia y los animales, hacen que el territorio zikril se sienta como un ente vivo, con voces siempre cantando a coro. La fotografía de Tonatiuh Martínez usa la pantalla horizontal y cuidadas composiciones para crear una rica atmósfera y no como un recurso que todas películas tiene que emplear para verse “como películas”. Hay tomas que recuerdan el trabajo del estadounidense Terrence Malick y al tailandés Apichatpong Weerasethakul por cómo encuentran una belleza casi espiritual en los ambientes naturales.

La cinta funciona mejor en momentos como este, cuando no siente la necesidad de tomar al público de la mano, cuando deja que el poder de sus imágenes de verdad nos guíen a través de su historia. A mitad de la película aparece una imagen tan breve pero tan impresionante, que nos dice tanto sobre la cultura que crea y sobre las ideas que ésta tiene de masculinidad y religión. Esta imagen juega un papel central en la relación de Evaristo e Isauro, sin la necesidad de explicarla.

Al final, sin embargo, la cinta es una mancuerna de lo inexplicable con lo convencional, de lo poético con las fórmulas ya bien establecidas del drama.

Triunfando en el Ariel

Las 16 nominaciones que Sueño en otro idioma alcanzó en el Ariel 2018 —de las cuales se alzó con seis en la ceremonia del 5 de junio— demuestra la calidad técnica que hay detrás de esta película: por un lado está la música de Andrés Sánchez, quien logra conjugar una atmósfera rural y un sutil misticismo que, codo a codo con el gran trabajo de Enrique Greiner, Pablo Tamez y Raymundo Ballesteros en la edición de sonido consiguen capturar la esencia de la selva veracruzana. Por el otro, están la elegante y naturalista fotografía de Tonatiúh Martínez —colaborador habitual del cineasta— y la extraordinaria elección de las locaciones.

Así, el filme de Ernesto Contreras se convierte en una oda al lenguaje, a la identidad, al perdón, al amor juvenil no correspondido y a los caminos que las creencias que nos definen abren en nuestra vida, e, incluso, en nuestra muerte.