La luna llena de fondo no era suficiente compañía para The Weeknd, que en medio del estadio del Foro Sol, junto con toda la producción ya de por sí compleja, optó por bajarla: un satélite inflable de poco más de cuatro metros de altura que se mantuvo flotando desde media hora antes de que el cantante estadounidense saliera al escenario.
Frente a esa otra luna, permanecía también la estatua metálica de tres metros de alto que se situó al final del pasillo para conectar al escenario frente a la zona general, donde todos permanecían de pie.
Ahí se erigió la estatua con forma de mujer, inclinada como si pretendiese entregarse al astro y al público a la vez. Y bajo la complicidad de los 65 mil asistentes, que no pararon de hacer olas y gritar, arrancó, con múltiples juegos de luces, las primeras notas de la voz de The Weeknd, al tiempo que del escenario desfilaron sus bailarinas.
Por fin, ahí estaba The Weeknd, quien luego de una larga pandemia de por medio, salió con un casco y cubierto por una capa negra. Y al quitarse esta, un traje militar y un brazo robótico, el mismo que emocionó al público al tocar un teclado, con un trap que retumbó en todo el Foro. La estatua metálica comenzó como despertando a todos.











