Los trabajos de restauración que se realizan de manera periódica a la colosal escultura de Tlaltecuhtli, labrada por manos mexicas, han permitido que “por primera vez se observe un relieve policromado casi en su totalidad, luego de haber sido retirado el sedimento y el material de relleno que la cubrió durante casi cinco siglos”.
A pocos meses de que se cumplan 10 años de su hallazgo, justo al pie del Templo Mayor de Tenochtitlán, la colosal escultura de la diosa de la Tierra recibe de manera imponente en el vestíbulo a quienes visitan el Museo del Templo Mayor, explica la restauradora María Barajas Rocha a La Jornada.
Luego del descubrimiento y tras un largo y minucioso trabajo enfocado en la conservación y restauración del monolito de la diosa Tlaltecuhtli, se tomó la decisión de trasladarlo hacia dentro del museo para exhibirlo por primera vez en 2010.
Aunque el monumento se encuentra estable, los restauradores continúan monitoreando y cuidando las condiciones de su exhibición con la finalidad de asegurar su preservación y conservación a largo plazo.
“Cada seis meses se debe llevar a cabo una limpieza cuidadosa para remover la tierra y el polvo que se deposita sobre la superficie pétrea. Previamente a esta labor, se arma una estructura tubular a manera de andamio alrededor del monolito y, con ayuda de aspiradoras manuales de mochila, perillas y brochuelos de pelo suave, se retira cuidadosamente el polvo sin poner en riesgo a la capa pictórica”, dice Barajas Rocha, quien estuvo a cargo del proyecto de restauración de esa escultura.
La historia del descubrimiento
“Cómo olvidar aquel 2 de octubre de 2006, cuando se halló el relieve monumental, cuyas dimensiones y calidad escultórica resultan inigualables”, rememora Barajas.
El hallazgo de la Tlaltecuhtli se dio dentro un salvamento arqueológico a cargo del Programa de Arqueología Urbana, justo entre las calles de Argentina y Guatemala, donde, debajo de rellenos constructivos y de escombros, emergió el monolito mexica más grande conocido hasta el momento, el cual es de mayores proporciones que la Piedra del Sol y que la Coyolxauhqui.












