Toy story, la revancha del aburrimiento

Toy story, la revancha del aburrimiento

Mucho antes de crear Buscando a Nemo y WALL-E o dirigir Toy story 5, el director Andrew Stanton era un niño que, como muchos otros, se aburría solo. Sin celular, redes sociales ni plataformas de streaming disponibles a toda hora, el cineasta pasaba tardes enteras inventando historias al jugar con sus juguetes.

Décadas más tarde, en 1995, con Toy story revolucionó la industria cinematográfica al convertirse en el primer largometraje animado completamente por computadora, dejando atrás la animación tradicional y cambiando la forma de consumir entretenimiento.

Incubadora de ideas

Hoy, 30 años después del inicio de la famosa franquicia, Stanton cree que ese tiempo aparentemente perdido de su niñez fue en realidad el origen de su creatividad. Para el también guionista, el tema de la película no es solo la tecnología, sino qué sucede cuando los niños dejan de tener espacios para imaginar por sí mismos.

“Bueno, no siempre son los niños quienes deciden. Los padres también eligen qué ven y cuándo lo ven. Si hubiera dependido de mí cuando era niño, me habría quedado frente al televisor todo el día y toda la noche. Pero me obligaban a salir, me aburría y tenía que usar mi imaginación. Jugaba con mis juguetes y, al final, terminé haciendo películas porque seguí usando esa imaginación toda mi vida”, señala.

La villana

La nueva entrega de la franquicia Toy story, que llega a las salas, coloca a Woody, Buzz y Jessie frente a una tableta llamada Lily Pad que se convierte en la favorita de Bonnie. “Es una ironía que ahora hablemos de dejar un poco la tecnología. Forma parte de nuestras vidas desde hace décadas. La cuestión es cómo la usamos y cómo encontramos un equilibrio. Todavía estamos aprendiendo a hacerlo en muchos aspectos”, afirma.

Para el realizador, la discusión no pasa por eliminar las pantallas de la vida cotidiana, sino por encontrar un equilibrio que permita a los niños desarrollar su creatividad fuera de ellas. Considera que experiencias como esa siguen siendo fundamentales para estimular la creatividad de los niños.

Por eso también defiende espacios como la lectura. “Los libros son maravillosos. Al final también son una elección, y algo a lo que siempre podemos recurrir y espero que nunca desaparezcan”, considera.

Un Óscar para la profesora

Décadas después de haber ganado un premio Óscar, cuenta, regresó a buscar a una de las personas que más influyó en su vida. No era un productor de Hollywood, un ejecutivo de Pixar ni alguno de los cineastas que admiraba. Era su maestra de segundo grado.

El director asegura que fue ella quien le hizo creer por primera vez que dibujar podía convertirse en una profesión. “Ella dibujaba caricaturas en nuestras tareas. Yo pensaba que solo los niños hacían dibujos así, así que ver a una adulta, que además era la autoridad en el salón, dibujar caricaturas me hizo pensar ‘quizá yo también pueda hacer esto cuando sea grande’”, recuerda.

La influencia de aquella docente fue tan profunda que la buscó después de obtener el premio. “Le mostré la estatuilla y le di las gracias porque su clase había significado muchísimo para mí cuando tenía siete años. Ella seguía enseñando a niños pequeños. Mostrarle esos dibujos y luego mostrarle el Óscar fue muy importante para mí”, cuenta.