"MdR. * CP. El toreo es arte. El toreo es pasión. El toreo es juego entre la vida y la muerte. Dentro de la arena, sólo dos figuras protagonizan la eterna lucha por seguir vivos, mientras en los tendidos las miradas se transforman en gritos de aprobación o desaprobación.
Sin embargo, detrás de la fiesta brava hay una tradición envuelta en el silencio: nadie puede imaginar hoy día a un torero sin su traje de luces, pero pocos saben de las características de los atuendos, verdaderas obras de arte de las vestimentas.
Si bien para el matador, vestirse de seda, oro y plata es más que un traje utilizado para enfrentar al toro, ese universo de luces no llega a ser muy bien apreciado por la gente de a pie. Hacia ellos, principalmente, está dirigida la exposición ""De Seda, Oro y Plata. Textiles Taurinos"", la cual se inauguró en el ""Museo Franz Mayer"" ubicado en el Centro Histórico del DF.
Los atuendos son verdaderas obras de arte, realizadas a mano en un principio, aunque ahora ya se utilizan máquinas, pero no por ello dejan de ser arte.
En la muestra se puso especial atención en destacar las manos que los confeccionaron, quienes dedicaron horas a cada una de las piezas.
Por ello, en la exposición los protagonistas no son los matadores ni los toros, lo más importante es mostrar las prendas.
La fiesta brava tuvo su origen en el toreo de a caballo, pero a principios del siglo XVII -durante el reinado de Felipe V de Borbón, quien no gustaba de ese espectáculo por considerarlo bárbaro y cruel-, el pueblo se apoderó de ella y comenzó a gestarse el toreo tal como lo conocemos en la actualidad.
Durante aquella primera parte de su historia, los matadores solían utilizar trajes ""normales"" -según la actividad de cada persona-, hasta que se generó el interés por establecer ciertas normas que debían ser seguidas por los demás, atribuyéndose a Joaquín Rodríguez ""Costillares"" (1743-1800) el haber sistematizado al toreo, además de modificar el vestido de torear mediante la confección de la chaquetilla bordada.
"











