Tuxtla a través de distintas plumas

Eraclio Zepeda cultivó diversos géneros literarios. Cortesía
Eraclio Zepeda cultivó diversos géneros literarios. Cortesía

Tuxtla Gutiérrez ha figurado en la literatura a través de la novela, el cuento, la biografía, poesía, teatro, periodismo literario, historia, cuadros de costumbres y crónicas de vida cotidiana.

Por medio de los géneros lírico, narrativo o dramático, los chiapanecos se hacen y expresan una idea de lo que es el pueblo tuxtleco. Al respecto, el cronista de la ciudad, José Luis Castro Aguilar indicó en entrevista que “la capital ha sido cuna de medianos y grandes escritores: Víctor Manuel Castillo Corzo, Tomás Martínez Vázquez, César Ruiz Castillejos, Fernando Castañón Gamboa, José Casahonda Castillo, Valentín Rincón Coutiño, Eduardo J. Albores, Romeo C. Zebadúa, José Falconi Castellanos, Enoch Cancino Casahonda”.

Asimismo, mencionó a Dolores Aramoni Calderón, Juan Bañuelos, Óscar Oliva Ruiz, Daniel Robles Sasso, Eliseo Mellanes Castellanos, Fernán Pavía Farrera, Eraclio Zepeda Ramos, Elva Macías Grajales, Andrés Fábregas Puig, Roberto Ramos Maza, Marco Antonio Orozco Zuarth, Sergio Nicolás Gutiérrez y Roberto Chanona, por ejemplo.

El cronista detalló quiénes han sido los más destacados o prolíficos literatos que Tuxtla ha dado y sus respectivas obras. Así, en poesía sobresalen A Tuxtla, de Rodulfo Figueroa (1867-1899); A Tuxtla de rodillas, de Julio Sesto; ¡Adiós, nambimbos! y Mi linda Tuchtlán, de Tomás Martínez Vázquez (1894-1956); Iglesia de Atocha y Casitas de Tuxtla, de María Luisa de Esperón; El vals Tuxtla, de Galileo Cruz Robles; Tuxtla, de César A. Lara (1896-1962); La milanesa del Marro, de Enoch Cancino Casahonda; A Jaime Sabines, de Romeo C. Zebadúa; ¿Qué si soy tuxtleco? y Serás tuxtleco, de Manuel de Jesús Martínez Vázquez.

También, en poesía, Tuxtla Gutiérrez y La cueva de la Chepa, de Blanca Margarita López Alegría; Soneto tercero, el Sombrerón, de Gumasat; Candox de mis infancias, de María Eugenia Díaz de la Cruz; Tuxtla de todos los recuerdos, de Arnaldo Robles Toache; El ala del pájaro (a don Romualdo Moguel Orantes, 2005), de Marisa Trejo Sirvent; A Tuxtla y El Sabinal, de Socorro Trejo Sirvent; y Siete cuevas, de Rubén de Leo.

En cuento destacó Cuentos reunidos, de Eraclio Zepeda Lara (1903-1976); y en novela Recuerdos de un primerizo, de José Casahonda Castillo (1915-1985); Odio en mi corazón y Mi Soledad en la cárcel, de Alberto Sánchez Merchant, y Aún corre sangre por las avenidas, de Héctor Cortés Mandujano.

En teatro, La última teja, de Tomás Martínez Vázquez (1894-1956). Y en biografía, mencionó el cronista: “Como técnica narrativa, la biografía es uno de los géneros literarios menos cultivado. Sin embargo, existen muchas biografías y semblanzas breves”.

En cuanto a crónica, esta es prolífica: el primero fue el sargento José María Patrocinio Montesinos Niño (nacido en 1848), quien escribió una serie de crónicas como diario personal (1866-1878), que Fernando Castañón Gamboa publicó en 1935 como Memorias del sargento José María Montesinos.

El segundo cronista fue Eraclio Zepeda Lara, quien en 1933 publicó crónicas de la vida cotidiana de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez; y el tercero fue don Fernando Castañón Gamboa, pero ya con nombramiento oficial de parte del H. Ayuntamiento tuxtleco (1950-1959).