Con aplausos, pastel y mariachis, la escritora Elena Poniatowska fue homenajeada por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), por su trayectoria en la literatura y el periodismo, en el marco de sus 90 años de vida.
Reunidos en el auditorio Arquitecto Pedro Ramírez Vázquez de la Rectoría General de la UAM, estuvo acompañada por su hijo Emmanuel Haro Poniatowski, la cineasta María del Carmen de Lara, el caricaturista Rafael Barajas, “El Fisgón”, y José Antonio De los Reyes Heredia, rector general de la UAM.
En la ceremonia, la autora galardonada con el Premio Cervantes 2013 de manos del rey Juan Carlos de España, revivió algunas de las anécdotas que ha vivido a lo largo de su trayectoria.
Desde niña fue muy preguntona
La escritora de origen francés se describe a sí misma como preguntona, al recordar la manera en que aprendió a hablar español, luego de que a los diez años de edad, llegara a nuestro país. “Mi conocimiento en México fue a través de las palabras, los vendedores ambulantes y la gente que me llamaba tanto la atención. Porque nunca los vi en París y en ningún otro lado. Solo en este país, que para mí era llegar al centro del sol”, dice Poniatowska.
En conversación con la cineasta María del Carmen de Lara, Elenita, como le llamaba Carlos Monsiváis, habla de sus inicios en el periodismo y cómo es que desarrolló su pasión por el arte de preguntar y construir atmósferas a través de sus historias. “Realmente todo lo que he escrito, es una inmensa respuesta a mis preguntas, desde niña hago preguntas, las que Dios o el diablo me sugieran”, expresa la autora.
Poniatowska dice que México ha sido un país muy generoso con ella, pues le permitió crecer y consolidarse en su carrera. “Nada es una decisión tomada, un poco las cosas te suceden y cuando eres periodista, con más razón. Inicié en ‘Excélsior’ haciendo entrevistas, porque veía las entrevistas de Ana Cecilia Treviño, quien era la mujer de Alberto Gironeira, gran pintor de su época”, relata.
Además, recordó los inicios de su amistad con la activista Rosario Ibarra de Piedra a quien le reconoció su incansable lucha por las causas sociales en nuestro país. “La seguí en su viacrucis, un camino de mucho dolor. La admiré. Creo que le deberíamos poner una estatua en Paseo de la Reforma… Si hay una madre en México, es doña Rosario Ibarra de Piedra”, señala Elena.
Otro de los temas que se mencionaron fue su cercanía con las mujeres a lo largo de su vida, como en el caso de Alaide Foppa, feminista y poeta desaparecida en Guatemala principios de los años 80. “Ella era muy joven con una cara muy bella. Era feminista. Fue una tragedia porque tenía una capacidad de entrega inmensa. De repente, se fue a Guatemala y no regresó; fue un destanteo, una sorpresa”, recuerda.
Emmanuel Haro Poniatowski, hijo de la periodista e investigador de la Unidad Iztapalapa de la UAM, dijo que su mamá ha sido un ejemplo de vida profesional y que siempre estará eternamente agradecido porque le enseñó a ver el mundo de distinta manera.












