Ulisa

Ulisa

El protagonista, feliz e infielmente casado con Elvira —en su caso una cosa presupone la otra—, empieza a obsesionarse con Luisa, una ex amante ya muerta. Recordarla, aunque esté muerta, tal vez porque está muerta, es un ingrediente erótico del que no pude prescindir. Al contrario: el fantasma de Luisa empieza a interponerse en su matrimonio. Será la Ulisa del título, casi una sosías de la muerta, quien llevará al protagonista a enfrentarse con sus propios demonios.

¿De qué trata?

La historia tiene como punto de partida a un hombre casado que mantiene viva la memoria de Luisa, una antigua amante que ya ha muerto. Durante unas vacaciones, el encuentro con una mujer llamada Ulisa altera su mundo interior: el parecido entre ambas mujeres lleva al protagonista a proyectar sobre la nueva presencia sus recuerdos, deseos y fantasías relacionados con la amante desaparecida.

El propio nombre de Ulisa contiene una de las claves de la novela. Su semejanza con “Luisa” no es casual: funciona como un anagrama que vincula a las dos mujeres y refuerza la idea de que el protagonista no necesariamente contempla a Ulisa como una persona independiente, sino también como una representación de aquello que perdió.

A partir de ese juego entre presencia y ausencia, Lissardi desarrolla una narrativa en la que el erotismo deja de ser únicamente una expresión del deseo sexual para convertirse en un territorio de conflicto. El protagonista busca, a través de Ulisa, una posible recuperación de una experiencia que pertenece al pasado. Sin embargo, la memoria no reproduce la realidad: la transforma, la idealiza y, en ocasiones, la convierte en una obsesión.

La novela también coloca a la muerte en el centro de esa relación entre deseo y recuerdo. La ausencia de Luisa no significa su desaparición definitiva del universo del protagonista. Por el contrario, su recuerdo adquiere una fuerza que condiciona la manera en que observa y experimenta el presente. Ulisa aparece entonces como una figura situada entre la mujer real y la imagen construida por la imaginación.

Desde esta perspectiva, Ulisa puede leerse como una reflexión sobre los mecanismos de la idealización amorosa. Lissardi presenta a un personaje atrapado entre lo que desea, lo que recuerda y lo que tiene delante. El erotismo se convierte así en una vía para explorar la pérdida, mientras que la obsesión revela la dificultad del protagonista para aceptar que el pasado no puede recuperarse de la misma manera.

Con una escritura deliberadamente provocadora, Ercole Lissardi coloca el deseo en el centro de la experiencia humana y cuestiona las fronteras entre fantasía y realidad. Ulisa no se limita, por ello, a contar una historia de atracción: propone un recorrido por la memoria y sus deformaciones, por el deseo como fuerza persistente y por la presencia de los muertos en la imaginación de quienes continúan viviendo.

La novela ocupa un lugar significativo dentro de la narrativa erótica de Lissardi precisamente porque utiliza el erotismo como instrumento literario para abordar asuntos más amplios: la pérdida, la idealización, la obsesión y la imposibilidad de separar completamente el deseo de la memoria.