Hace un año que nos dejó el juchiteca más aferrado que pudo tener Oaxaca, el de la melena alborotada, pantalón de manta e ideas muy firmes. Su timidez se desvanecía con sus trazos poderosos en el cual reflejaba un mundo mágico más allá de lo posible, muy a la Blake y Kafka, de garabatos fúnebres con zoología fantástica y pasajes eróticos.

Su arte fue más allá de un discurso idealista de trazos. Al maíz nativo lo defendió de manera activa siendo la cabeza de campañas en contra del maíz transgénico con el Patronato Pro Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural de Oaxaca (Prooax), una lucha para la cual no le alcanzó la vida para dar por ganada la batalla.

Durante el 2014, cuando empezó dicha campaña rebelde, exhibió El maíz de nuestro sustento, una intervención de 42 fotografías que Rafael Doniz (asistente de Manual Álvarez Bravo) digitalizó de unos negativos de autor anónimo, relacionadas a este cereal mesoamericano y al campo. El blanco y negro lo reanimó con amarillos y tono ocre principalmente.

También se encargó de otros elementos que hablaran de su cultura y la riqueza oaxaqueña como los chapulines balanceándose en el tallo de un cempasúchil. Además del grabado y la mixta sobre papel, trabajó con otros materiales como la cerámica, la madera, la herrería y la plata de lo cual podemos apreciar las licorera que diseñó para la colección de Tequila 1800 en la cual también hay piezas de Leonara Carrington, Manuel Felguérez, Bosco Sodi, Héctor Velázquez, Gunther Gerzso y Gary Baseman entre otros.

¿Qué comía el maestro?

El defensor de sus tradiciones, incluyendo las gastronómicas, hizo que el fast food no pudiera entrar al centro de Oaxaca en el 2002 para lo cual además de mandar un oficio exponiendo sus puntos a la empresa, organizó una tamaliza en el zócalo oaxaqueño. Para comer él era sencillo, recuerda Manolo Nájera chef de Pitiona, “él llegaba y pedía un guisado”.

Por su parte, Celia Fiorán, cocinera y propietaria de Las Quince Letras, dice que al maestro Toledo le gustaba comer sencillo, “pedía memelas con asiento, frijoles y salsa además del especial del día, le encantaban las empanadas de San Antonino y el cocido de res con coles y plátanos. Su favorito de la casa era el almendrado con lengua. Venía de tres a cuatro veces por semana”, finaliza Celia.