En la esquina de Álvaro Obregón y Jalapa, en la colonia Roma, una de las esculturas de Maru Santos mira hacia el infinito.
Hasta hace algunos meses, en Mazatlán y Veracruz, en la azotea de la galería Andrés Siegel, otra de sus monumentales figuras hacía lo mismo, al igual que el busto del líder sindical Valentín Campa que está en la explanada de la antigua estación de ferrocarriles de Buenavista. Sus piezas de tienen la característica de mirar hacia al horizonte, como en busca de algo, que, según la propia artista plástica, evoca la trascendencia.
Aunque ella ha donado obra para exhibirla en lugares públicos, mencionó que el principal obstáculo es la falta de fondos para elaborar este tipo de obras. En entrevista con La Razón, la escultora comentó que es importante que el arte salga de los museos y de las galerías para exponerse en sitios públicos, pues ayuda a sacar de la cotidianidad, provoca e invita a reflexionar.
“Pienso que es muy importante que el arte sea público, siempre y cuando sea un tipo de arte que uno haya trabajado bien con él, que el artista haya llegado a un momento en el que ha entendido lo que está haciendo, que trascienda el lenguaje, que sirva para que la gente lo vea y piense, que no sea un reflejo de lo que vemos porque al final eso es lo que ya nos han contado, lo que vemos es lo que hemos aceptado como realidad”, dijo.
Para ella, “la función de un artista, que ha reflexionado muchísimo, es ir más allá del discurso cotidiano. Para mover al individuo hay que sacarlo de esa realidad cotidiana. Para eso sirve el arte público”.












