Un homenaje a la poesía

Fabián Rivera. CP. Juan Bañuelos llegó a Chiapas para ser puntual a la cita con la poesía. Fue partícipe de algunos eventos como la inauguración de la Feria del Libro Politécnica (FIL) y el homenaje al escritor Javier Molina, que se llevó a cabo en San Cristóbal de Las Casas.
Su forma de andar, de compartir la charla, es muy amena. Este hombre, en apariencia tranquilo, logra explotar sólo a través de la poesía. Y de eso fueron testigos quienes asistieron a la última jornada del Segundo Foro de Lengua y Literatura Hispanoamericana, que se celebró los días 27 y 28 de octubre. Una fecha que dejó una huella en la mente de quienes compartieron el foro con Bañuelos.
Así pues, Juan fue puntual a la cita. Con una enorme sencillez, se dirigió a los estudiantes congregados en el Auditorio de la Facultad de Humanidades. Preguntó de qué carrera eran –“todos somos de literatura, maestro”, comentó uno de los muchachos–, y asimismo preguntó que si gustaban de la literatura, a lo que los estudiantes contestaron afirmativamente.
Acompañado por Mario Nandayapa, quien fue su guía en esta nueva aventura por la capital chiapaneca, Bañuelos comenzó agradeciendo la presencia de tanta juventud en el recinto.
Dijo estar sorprendido de saber que la poesía tenía aún la capacidad de congregar a tantas personas en un mismo espacio. “La poesía es lo único que nos salvará a todos de todo”, dijo con un cierto tono profético, patriarcal. La ceremonia había comenzado.
Bañuelos ofreció una amplia lectura de fragmentos de su libro “El traje que vestí mañana”. Cuando la lectura llegó al clímax, fue cuestionado sobre su participación en el movimiento estudiantil de 1968. Y Juan sólo pudo contestar con poesía.
Entonces procedió a la lectura del poemario “No consta en actas” (1971), libro que, de acuerdo con Efrén Ortiz Domínguez, debe ser recordado “no sólo por la energía con que el poeta denuncia la represión gubernamental ante el movimiento estudiantil de 1968, sino también por su fuerza poética intrínseca. No basta protestar, sino hacerlo a través del poema (…) inserta al lector en un contexto de violencia, horror y opresión”:
“Cuídate, mexicano,/ de los que orinan alrededor de tu quejido./ ¿Por qué hablo de esto y lo otro si es tan bella/ la estación que se inicia, y un castaño/ se mece al lado de mi casa/ mientras la brisa y la quietud se duermen/ en el color de su corteza?/ ¿Qué puedo hacer si la furia y el duelo/ están metidos en mis versos, en mi pan,/ en mi plática y mi sueño?/ (…) Mis palabras quedan perforadas./ Son los últimos disparos de la noche./ Oh ciudad mía,/ ciudad montada sobre tanques,/ sobre un gargajo de cuartel”.
Todos quedaron sorprendidos ante la furia que parecía desprenderse del puño alzado de Juan Bañuelos al leer cada palabra. La forma en la que intensifica y lleva a los escuchas por cada verso, encendido sólo con su voz. Cada poema fue celebrado por los estudiantes, a quienes no les quedó duda de que estaban ante uno de los pilares de la literatura mexicana.
Finalmente, el poeta culminó su participación confesando que, a pesar de haber visitado tantas ciudades en Latinoamérica y Europa, nunca había sentido tanta calidez como en aquella noche, en que dejó una huella imborrable en el espíritu de quienes emprendieron un viaje a través de su literatura.