Un mundo feliz

Un mundo feliz

Los peores vaticinios del capitalismo se han cumplido: triunfan los dioses del consumo y la comodidad, y el orbe se divide en diez zonas en apariencia seguras y estables. Los humanos ya no procrean, el sexo se ha convertido solo en una diversión y las letras del alfabeto griego se han pervertido para clasificar a los seres humanos por castas.

Todos aceptan su lugar en la nueva jerarquía social, perfectamente ordenada. Los valores humanos esenciales no tienen cabida en este mundo y los habitantes se crean in vitro con una técnica concebida a imagen y semejanza de una cadena de montaje.

El soma, la droga por excelencia en este mundo distópico que propone Huxley, ayuda a los habitantes a escapar de la rutina. A cambio de este orden pulcro, la libertad de expresión y el pensamiento crítico han sido erradicados. Bernard Marx, el protagonista de la novela, inconformista e inteligente, deberá probar los límites de la sociedad que lo ha engendrado, iniciando un viaje más allá de las fronteras distópicas de su universo.

¿De qué trata?

Huxley presenta un mundo futuro deshumanizado en el que la sociedad está dividida en un sistema de castas en el que los individuos están creados y alterados genéticamente. Con el paso de los años Un mundo feliz sigue teniendo vigencia e, incluso, va cobrando cada vez más sentido.

Esta novela describe un mundo futurista, utópico, altamente regulado y tecnológico. Arranca con la visita por parte de un grupo de estudiantes al Centro de Incubación y Condicionamiento de Londres. Allí, el director de la fábrica explica a los jóvenes cómo se divide a la población, ya desde su incubación. Así, según su condición genética, previamente alterada, la sociedad se divide desde los Alpha hasta los Epsilon, de mayor a menor inteligencia.

En este recorrido, los estudiantes también conocen cómo eran las cosas antes de este nuevo orden mundial, antes de que una guerra y una gran crisis económica terminara por destruirlo. Después, en la segunda parte del libro, los protagonistas Bernard Marx y Lenina en una alusión a Karl Marx y Lenin visitan la “reserva salvaje”, cuyos habitantes son considerados retrógrados. Allí conocen a John, quien a pesar de crecer entre los indios fue concebido por ciudadanos del “Estado mundial” o “Worldstate”, por lo que sabe leer y escribir.

Los protagonistas deciden llevar a John, el salvaje, al ‘Estado mundial’ donde comienzan a surgir las comparaciones y a desenmascararse los puntos negativos de una sociedad aparentemente perfecta y feliz, una aventura que definitivamente desnuda la realidad de lo cruel que se puede llegar hacer con líneas tan marcadas en la sociedad.