Un texto para reflexionar sobre la Fiesta Grande

El texto fue escrito por Mario Nandayapa. Cortesía
El texto fue escrito por Mario Nandayapa. Cortesía

SEGUNDAUn error metodológico que se ha incurrido en la interpretación de la Fiesta de Enero (y de lo que deviene de ella) es tratar de analizarla desde la mirada del occidente, cuando se debería de explicar desde la cosmovisión del grupo cultural que lo originó, los chiapanecas. Esta mirada se le llama diacrónica, lo que implica ver el fenómeno desde los elementos propios de una época y una cultura, y esto lo puede proporcionar la lingüística y la antropología cultural, entre otras disciplinas del conocimiento.

La legitimación de la existencia de María de Angulo a través de una leyenda, es un argumento facilista, y lo grave es el proceso inconciente de la legitimación de la dominación española, misma que deberíamos abolir, y reconocernos con orgullo como descendientes de una de las culturas más importantes de Chiapas.

De entre las varias leyendas presentadas como tales, propiamente algunas no son más que manifestaciones de cultos precortesianos, de las cuales, por la forma narrativa con que son presentadas pudiera suceder que se tomaran como una verdadera leyenda sin realmente serlo, esto se debe por la misma forma de la manifestación empleada en su explicación en cada caso, tanto en su significación como en su contenido, los elementos esenciales con que se estructura dicha manifestación cultural religiosa.

Sin embargo, alguna que otra de éstas, ya convertidas en leyendas aunque adaptadas a una condición social de una temporalidad preconcebida; fue primeramente una manifestación ritual litúrgica de un culto precortesiano, generalmente agrario; cayendo después a una leyenda adaptada para darle una explicación o justificación mitológica de un hecho relevante en una temporalidad histórica mítica; tal es el caso de la leyenda de doña María Angulo, devenido de un culto agrario chiapaneca con la aparición a principios de enero, de la brillante estrella de la constelación ecuatorial de Orión, a la cual se le llamaba Marianyhela (Marianguela), estrella que se le reverencia o se venera, de Ma- (prefijo distintivo), Nariti (estrella), y Nanyhila o Nanguila (reverencia, salutación, veneración), de Nguilaome (saludar, venerar); como la anunciadora o heraldo de la apertura temporal de ciclo agrícola venidero a mediados de febrero.

De las Shauntá, los Nbareishico y demás personajes presentes en las festividades que se manifiestan anualmente cada mes de enero en Chiapa de Corzo, en cuanto a lo primero, Shauntá, significado como cambio o muda de vestimenta de Sha- (Part. Nominativa, como prefijo da la forma reverencial, distintiva o demostrativa; de la cosa que manifiesta), y Auntá (vestimenta, ropa, etcétera); y el segundo, parachico, por la sinécdoque de nombrar al adjetivo por el sustantivo (el alborozo, el relajo, el desorden o el molote), de Nbareito (fiesta) y Shico (alboroto, desorden, relajo); así como el canto ritual que antiguamente cantaba el Patrón frente a la iglesia, llamado el Nambuyoui o Nambuyuy (nombre santo), de Nambui (sagrado o santo) y Nyhouí o Nouí (nombre); y la antigua Luchita que salía con su pareja el día 20 de enero, de Ndoshita (el que está en el Ndoshi. Nombre este dado al jovencito que sacrificaban a flechazos los chiapanecas el día central de los cinco días llamados Mu).

En base a la manifestación precortesiana del culto agrario chiapaneca de la veneración que se le rendía anualmente a la magnificente estrella gigante Orión de la constelación ecuatorial del mismo nombre (visible en el hemisferio norte desde enero hasta mediados de febrero); con el paseo triunfal de oriente a poniente que se realizaba en Chiapa en una gran fiesta popular en los últimos días de enero, con una núbil chiapaneca como ofrenda ritual; fue conformada después con carácter colonialista aparecida a principios del siglo XX, la leyenda de doña María Angulo.