El cine mexicano inició el 2026 con uno de los fenómenos más destacados de los últimos años: Soy Frankelda, una producción que ha llamado la atención tanto del público como de la crítica por su ambición artística, su compleja técnica de animación y su poderosa narrativa.
Una de las principales razones por las que ha generado tanto interés es su técnica de realización. La película fue creada en su totalidad mediante stop motion, un proceso artesanal que consiste en animar objetos estáticos a través de miles de fotografías tomadas una a una, logrando la ilusión de movimiento continuo.
Este método, poco común en México para un largometraje, exige precisión, paciencia y un alto nivel de detalle.
La fuerza de la imaginación
La historia se sitúa en el siglo XIX y gira en torno a Frankelda, una mujer talentosa cuya vocación como escritora se enfrenta constantemente al rechazo. Sus relatos, cargados de elementos oscuros y fantásticos, no son valorados por la sociedad de su tiempo, lo que la obliga a luchar contra el silencio impuesto y a defender su voz en un entorno dominado por prejuicios.
A medida que la trama avanza, Frankelda descubre que es en sus sueños donde sus historias cobran vida. En ese mundo onírico, los monstruos que habitan su imaginación se manifiestan de manera tangible, revelándole que su creatividad no es una maldición, sino una fuerza poderosa que no debe ser contenida.
Soy Frankelda retoma a los personajes de la serie Los sustos ocultos de Frankelda, creada por los hermanos Arturo y Roy Ambriz para Cartoon Network. El proceso de producción de la película es, por sí mismo, digno de admiración. El largometraje se realizó a lo largo de tres años de trabajo continuo, utilizando más de 140 marionetas y 50 sets distintos que recrean calles, palacios, puentes y ríos. Algunos de estos escenarios alcanzaron dimensiones de hasta 20 metros cuadrados y más de tres metros de altura.
Un cine diferente
Este proyecto también destaca por el esfuerzo colectivo que implicó su realización. En Soy Frankelda participaron alrededor de 150 personas, quienes intervinieron en todas las etapas del filme, desde el diseño de personajes y escenarios hasta la animación, iluminación y postproducción, demostrando la capacidad de la industria creativa mexicana.











