El pintor holandés Vincent van Gogh tenía especial fascinación por el rojo intenso que se obtiene de la grana cochinilla, insecto que se reproduce en las pencas del nopal. El primer embarque comercial a Europa del extracto de la también llamada cochinilla del carmín se ubica en 1523 o 1526. En la actualidad, se sabe que en aproximadamente 40 de sus obras utilizó ese pigmento mexicano.
El negocio de este producto nacional —en su momento el segundo en importancia, después de la plata— llegó a Asia en el siglo XIX, donde se puso de moda en el arte japonés. Van Gogh y su hermano Theo llegaron a tener una colección de 350 grabados japoneses en los que destaca el rojo, sin que ellos supieran que este color estaba hecho a partir de la grana cochinilla.
La predilección de Van Gogh por ese pigmento –Theo compraba los materiales a Vincent– es patente en una de las tres versiones que pintó de La recámara de Van Gogh en Arlés (1889), cuadro incluido en “Rojo mexicano: la grana cochinilla en el arte”, exposición que reúne 70 obras, la cual será inaugurada este jueves en el Museo del Palacio de Bellas Artes.
El cobertor rojo de la cama en ese cuadro se aprecia en todo su esplendor en la recreación de la recámara hecha al final de la exhibición para que interactúe el público.
La finalidad de “Rojo mexicano” es abundar en el impacto de este pigmento milenario en la paleta de grandes maestros de la pintura, así como ahondar en el conocimiento de esta aportación de México que alcanzó gran protagonismo dentro de la historia, no solo a escala artística sino en los ámbitos económico, político y social, dijo Lidia Camacho, titular del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).












