Vargas Llosa critica el periodismo actual

Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura. Cortesía
Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura. Cortesía

El escritor peruano Mario Vargas Llosa vuelve con una nueva y esperada novela, Cinco esquinas, una mezcla de thriller y retrato social y político de los últimos días del gobierno de Alberto Fujimori, donde critica el mal periodismo, “amarillo y chismoso,” y donde el sexo sirve de válvula de escape.

Cinco esquinas (Alfaguara), que estará en las librerías el 3 de marzo, comienza con una escena erótica entre Chabela y Marisa, dos amigas de la alta sociedad convertidas en amantes una noche, al verse obligadas a no salir de una vivienda por el toque de queda vigente en los años 90 en Lima, ciudad inmersa en la violencia, las extorsiones y los secuestros.

Una novela llena de erotismo porque, en opinión del Nobel peruano, es “un síntoma de alta civilización”. Pero Cinco esquinas es también un alegato contra el mal periodismo, el que está al servicio del poder.

“Creo que una originalidad de la dictadura de Fujimori y (Vladimiro) Montesinos fue la utilización de la prensa amarilla de manera sistemática para bañar a sus críticos en mugre periodística, inventando escándalos o sacando a la luz asuntos privados, políticos, familiares, sexuales, mediante una prensa que la dictadura tenía subvencionada, y esto lo he aprovechado”, apunta.

Una crítica al llamado periodismo “chismoso”, eje de la novela a través de un protagonista que se dedica a extorsionar y sacar escándalos, porque para Vargas Llosa hoy este oficio “está en peligro”.

“Siempre se pensaba –argumenta– que el periodismo podría estar amenazado por el poder político, por el militar o el económico, pero nadie hubiera podido pensar que el periodismo podría estar amenazado por la frivolidad, por el periodismo irresponsable o chismográfico, que es la forma representativa de esta época”, dice.

Esa deriva “es una preocupación grande, porque ha desembocado en la cultura del espectáculo”, subraya el autor, quien reconoce, con humor, que él ha sido víctima de dicho periodismo. “Desgraciadamente sí he sido víctima de una cierta indefinición de un periodismo en el que lo serio y lo marginal se confunden”, recalca.