El 15 de marzo de 2021, Vicente Rojo recibió en su correo electrónico la versión final del libro que, junto con la diseñadora mexicana Ivonne Lonna y la escritora española Sònia Hernández, había estado trabajando desde noviembre de 2019. Ese día fue su cumpleaños 89. Y ese día fue internado en el hospital. El artista no volvió a casa y probablemente ese e-mail se quedó en la bandeja de entrada.
Sin embargo, el proyecto que sería editado por la Universidad Iberoamericana, espera ver la luz en el futuro. El libro tiene su origen a principios de 2019, cuando Ivonne Lonna, investigadora y académica del Departamento de Arte de la Universidad Iberoamericana, visitó a Rojo para informarle que esa casa de estudios quería concederle el doctorado honoris causa, reconocimiento otorgado por el Sistema Universitario Jesuita (SUJ), por su trayectoria artística y humana, así como por su contribución en el ámbito de la cultura y las artes.
“Me preguntó por qué y qué es lo que veíamos en él como para otorgarle el honoris causa. Le hablé de su significado para la cultura y para la Ibero, en donde es un referente de los estudios de diseño gráfico y de la historia del arte de nuestra universidad. Le expliqué que los doctorados casi no se dan a diseñadores y que por eso era importante que lo aceptara, significaría decir que el diseño también tiene un impacto en el arte y en la cultura del país”, recuerda Lonna.
El 22 de febrero fue investido con el título. Conmovido, entre lágrimas, en brazos de su esposa Bárbara Jacobs, dijo: “Como quiera, sí creo haber tenido éxitos, pero esos se refieren a mi vida personal y tienen que ver con el amor y la amistad”. A partir de ese evento, Rojo y Lonna comenzaron una amistad. A finales de ese año, el artista le pidió a la diseñadora que fuera la editora de un nuevo libro sobre su vida y obra, que abarcaría desde su origen en Barcelona, hasta la actualidad. “Cuando me pidió que editara su libro me mostró los bocetos de la serie ‘Jardines Urbanos’, me dijo que quería que abarcara desde el inicio de su vida hasta el final y me explicó que, si lograba terminar esa serie, quería integrar las imágenes de la obra terminada”, dice Lonna.
Al proyecto invitó a otra amiga, la escritora Sònia Hernández, a quien había conocido en uno de sus últimos viajes a Barcelona. “Conocí a Vicente y a Bárbara por un amigo en común. Sabía quién era, pero mis referencias eran pocas en ese momento. Después leí su ‘Diario abierto’ y me maravilló. En ese entonces yo había hecho algunos trabajos sobre el exilio español, por eso me fascinó aún más su libro. Poco después empecé a escribir una novela en la que estaba buscando algo nuevo, algo diferente a lo que había hecho”, refiere.
“Estaba creando el personaje de una mujer decepcionada del periodismo. De modo que tenía ambos proyectos, la novela y la investigación sobre el exilio. Las dos cosas se cruzaron y surgió la novela ‘El hombre que se creía Vicente Rojo’. Fue una audacia que mezcló mi fascinación por el ‘Diario abierto’ y por las cosas que fui encontrando de él en Barcelona, así como por los libros que me enviaban él y Bárbara. Mi novela necesitaba un faro y ese faro fue Vicente Rojo”, recuerda Hernández.
Con miedo y con respeto, dice, le envió su novela. Su respuesta fue conmovedora y muy generosa. “Percibí de su parte un gran respeto por la creación de los demás y creo que le hizo gracia el juego de identidades que proponía en la novela. La amistad que se fue consolidando jamás me la pude imaginar”, afirma la escritora.
“Es una biografía o un seguimiento de la vida de Vicente Rojo a través de toda su obra. Hay una reconstrucción de lo que fue su vida en esa Barcelona gris que estaba bajo el franquismo, luego está lo que él llamó su segundo nacimiento que fue al llegar a México. La reconstrucción es a partir de su obra, pero también a partir de lo que han dicho sus amigos, sus estudiosos y sus críticos. Se recogen también estudios que han aparecido en sus catálogos”, explica Hernández.
Así, a partir del texto, de fotografías, documentos, reproducción de obras, pinturas, bocetos, ilustraciones y esculturas de sus archivos personales, los tres fueron construyendo una suerte de biografía gráfica. “Hay una retrospectiva de sus inicios dibujando, está la historia de muchas de las portadas de los libros que diseñó de autores como José Emilio Pacheco, Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska; está la historia del diseño de Artes de México, ‘La Jornada’, de editorial Era, México en la Cultura, el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, el Museo José Luis Cuevas”, detalla Lonna.
De igual forma, hay “fotografías y anécdotas con amigos de su generación como Francisco Toledo, Manuel Felguérez, Alberto Gironella, Lilia Carrillo, Roger von Gunten, entre otros. Y hay también apartados sobre algunos de sus amigos como Elena Poniatowska, Octavio Paz y Carlos Monsiváis. La idea fue articular el texto con imágenes de su propio archivo fotográfico y personal, con bocetos, versiones y diseños finales”.











