Fabián Rivera. CP. Tres mujeres se aseguran de que la balacera terminó. Escondidas en un pozo, se empujan mutuamente tratando de salir del lugar donde se protegen. Después de cerciorarse, la primera asoma la cabeza y dice: “Ya, ya pueden salir”. Y se mueven con sigilo por los alrededores.
El sol está a todo lo que da en este paraje olvidado, donde ellas marcan el relieve sobre el horizonte. Tres mujeres caídas en desgracia, que tienen en común más que encontrarse en el mismo escondite: las tres están casadas con el mismo hombre, “Pancho”, que representa al típico macho mexicano.
En medio de la Revolución, y buscando en todo momento defenderse de las inclemencias del tiempo, los balazos y los enfrentamientos, las tres mujeres salen adelante buscando venganza (aunque en realidad una de ellas sólo busca reconciliarse).
Esto es solo parte del argumento de la puesta en escena “Viejas y no catrinas estiradas”, que cumple su ciclo de presentaciones en la Sala de Artes Escénicas “Carlos Olmos”, del Coneculta-Chiapas.
“Viejas y no catrinas estiradas” es un ejercicio teatral de Sandra Luz Salazar Rodas, Fabiola Pozo Náfate y Maricruz González Salazar, estudiantes de la licenciatura en Promoción y Gestión de las Artes de la Unicach.
Dirigida por Jorge Zárate, la obra es una lograda mezcla de humor, crítica y reivindicación femenina, ya que los tres personajes, unidos por su desgracia, encuentran redención al saberle libres tras haber sobrevivido a varios conflictos.
En palabras de Jorge Zárate, “Viejas y no catrinas estiradas”, es un proyecto de creación colectiva, en el cual las mismas estudiantes generaron el texto a partir de una investigación en diversas fuentes creativas, buscando un tema que les pareciera apropiado para el montaje escénico.
“A final de cuentas, es como un breve comparativo sobre lo que sucedía en ese entonces y lo que pasa con la mujer en la actualidad”, situación que, a decir del director, “no ha cambiado mucho”.











