Violencia en plantaciones financia museos

“La violencia del sistema de plantaciones ha financiado museos”, concluye el artista holandés Renzo Martens en su película White Cube, que se estrena de manera oficial en varios museos del mundo y que es una pieza que pone el acento en temas como la colonización en el siglo XXI, la financiación de los museos, el altocontraste del mercado del arte, la noción del arte efímero, el poder del arte para cambiar un contexto social o detonar procesos económicos, de aprendizaje, de sustentabilidad.

White Cube o Cubo Blanco es un museo en Lusanga, República Democrática del Congo, y su construcción es justamente el resultado de esos procesos que desde el arte han iniciado cambios en la vida de una comunidad. El documental de Renzo Martens y su proyecto de investigación “Human Activities” cuentan la historia de cómo la comunidad que trabajaba en torno de una plantación consiguió, a partir de la creación de obras, obtener recursos para comenzar a recomprar el terreno para ella y las futuras generaciones.

“La violencia del sistema de plantaciones ha financiado museos”, dice Renzo Martens al final del documental, y añade que “estos museos están endeudados con los trabajadores de las plantaciones, y que las disculpas no son suficientes”. El largometraje documental comienza por mostrar el trabajo de Renzo desde hace más de una década en África, con no pocas frustraciones. Luego se adentra en la comunidad, que habita en esa región de África central, que fue explotada por la brutal colonización que condujo el rey Leopoldo II de Bélgica, y donde muchas prácticas de abuso persisten bajo máscaras del mercado.

Cuenta cómo los trabajadores recuperan las tierras una vez que se organizan en la cooperativa Cercle d’Art des Travailleurs de Plantation Congolaise (CATPC), basada en una antigua plantación de la trasnacional Unilever (CATPC fue creada en 2014 con apoyo del activista René Ngongo, fundador de Greenpeace Congo). Se documenta el éxito de CATPC en poner fin al sistema destructivo del monocultivo en sus tierras, que en manos de compañías como Unilever ha persistido por décadas en la explotación de selvas para extraer el aceite de palma.

La forma en que los trabajadores consiguen los recursos es, en resumen, a través del arte. Con Renzo realizan talleres y crean esculturas que son escaneadas en 3D y se reproducen en cacao y aceite de palma en Ámsterdam, antes de exhibirse en museos, y luego venderse. Los trabajadores han comprado 100 hectáreas, donde hoy plantan vegetales. Esto lo llaman la era de posplantación. Matthieu Kasiama, uno de los artistas, reflexiona al final de la película: “Tierra o arte. Si tuviera que elegir, elegiría ambos. Pero si realmente tengo que elegir solo uno, elegiría la tierra. ¿Dónde puedo poner mi silla y empezar a hacer arte, si no tengo la tierra?”.

El intento de Martens es resolver la desigualdad a través de la autorreflexión. La palabra crítica es una constante en su ejercicio con diversas comunidades del Congo en los años que lleva de trabajar con ellos. Pero White Cube no se contenta con un mero escrutinio, propone un cambio de paradigma: soluciones prácticas para una nueva economía mundial del arte.