“La cultura del clic debilita la vida intelectual, la reflexión, la concentración y el sentido crítico”, afirma tajante el filósofo francés Gilles Lipovetsky (1944), quien reconoce que este es uno de los riesgos o peligros de la “civilización de lo ligero” que se vive actualmente.
De visita en México para promover su libro más reciente, De la ligereza (Anagrama), el sociólogo reconoce en entrevista que “la figura del intelectual ha decrecido” en este mundo que exige menos interrogantes teóricas y más soluciones prácticas.
“En una cultura que celebra en todos los estratos la esbeltez, la moda, el ocio, la movilidad, lo virtual, lo efímero, lo fragmentado, se desdibujan el conocimiento, el rigor y el compromiso”, explica.
El autor de La era del vacío, considerado “una estrella de los analistas de la contemporaneidad”, ve una contradicción entre la cultura del clic y lo intelectual, porque la primera es rápida y discontinua, y lo segundo exige tiempo y continuidad. “Es posible que la cultura del clic sea una amenaza sobre todo para los jóvenes”, opina.
Sin embargo, advierte que, “aunque en nuestra época hay una desvalorización de la vida intelectual”, también ha crecido el número de personas que opinan sobre diversos temas, que escriben libros y artículos, que proponen análisis e intervienen en debates públicos.
“Vemos tanto una profesionalización de la vida intelectual como una democratización de esta. La sociedad ligera de la distracción y el hiperconsumo no ha destruido el deseo, el apetito, de comprender”, añade.
El ensayista reflexiona en su nueva entrega sobre el mundo ligero, fluido y móvil que nos permite disfrutar los avances científicos y tecnológicos que ha logrado el hombre y cómo, al mismo tiempo, esta obsesión por lo ligero ha trastocado los conceptos éticos que regían a la sociedad.
El profesor de la Universidad de Grenoble asegura que las normas de lo ligero han triunfado en todas las capas sociales: “Es una vida entregada a la inestabilidad, al cambio perpetuo, a lo efímero, a la volatilidad de las relaciones. Los individuos se han desatado de sus lazos familiares, religiosos e ideológicos”.
Sin embargo, Lipovetsky aclara que no desea hacer ni una apología ni una condena moral de la ligereza, porque, a pesar de varios aspectos, “lo ligero es hoy la mayor fuerza de la transformación del mundo. La ligereza es deseable, pero no puede ser el principio que rija la conducta humana”.












