Estrenada en 2013, la cinta está ambientada en la España de 1966, durante la dictadura franquista, y está inspirada en la historia real de Juan Carrión, un profesor que utilizaba canciones de The Beatles para enseñar inglés y que viajó hasta Almería cuando se enteró de que John Lennon se encontraba allí rodando Cómo gané la guerra.
Pero lo interesante es que Lennon no es realmente el protagonista. Es el pretexto para que tres personas que están intentando escapar de distintas formas terminen encontrándose.
Antonio, interpretado magníficamente por Javier Cámara, es un profesor aparentemente convencional, pero con una enorme curiosidad y una mentalidad mucho más abierta que la sociedad que lo rodea. Enseña inglés utilizando canciones de los Beatles porque entiende algo fundamental: “Aprender también puede ser una forma de abrir una ventana hacia otro mundo”.
En el camino aparecen Juanjo, un adolescente que huye de un padre autoritario, y Belén, una joven embarazada que escapa de un entorno que pretende decidir por ella. Los tres forman una especie de familia accidental durante el viaje. Y ahí está una de las grandes virtudes de la película: cada personaje busca una libertad diferente.
Antonio busca encontrarse con su ídolo y demostrar que sus sueños todavía tienen sentido. Juanjo quiere escapar de la autoridad y descubrir quién es. Belén quiere recuperar el control sobre su propia vida. Por eso el viaje hacia Almería termina siendo mucho más importante que llegar a conocer a Lennon.
La España de los ojos cerrados
La película también funciona como un retrato de una España atrapada entre dos épocas. Por un lado está la España conservadora, religiosa, autoritaria y moralista de los años sesenta. Por otro, comienzan a entrar señales de un mundo diferente: la música de los Beatles, el cine extranjero, los turistas, los jóvenes que empiezan a cuestionar las reglas y una idea de libertad que todavía resulta peligrosa para algunos. Lennon representa precisamente eso: una ventana hacia otra posibilidad de vida.
Resulta muy interesante que el personaje de Lennon ni siquiera tenga que estar constantemente presente. Su existencia funciona casi como una leyenda. Para Antonio, es la persona que representa aquello que él admira y que su país todavía no puede ofrecerle completamente: libertad, imaginación y capacidad para cuestionar las convenciones.
El contraste es especialmente poderoso porque Lennon estaba en Almería rodando una película, mientras en España la realidad cotidiana seguía marcada por el autoritarismo. La cinta aprovecha ese encuentro entre cultura popular y contexto histórico para mostrar cómo una canción podía significar muchísimo más que entretenimiento.
La verdadera protagonista: la bondad
No es una película sobre grandes héroes. Es sobre personas buenas. Antonio no salva al mundo. Belén tampoco. Juanjo mucho menos. Son personas heridas, confundidas o inconformes que simplemente se encuentran y deciden ayudarse. Y eso hace que la cinta tenga una enorme carga emocional.
David Trueba construye la historia alrededor de la idea de que un encuentro puede cambiarte la vida. Incluso cuando las personas están huyendo de algo, pueden encontrar en el camino a alguien que les dé un poco de confianza para seguir adelante. De hecho, Trueba ha explicado la película como una historia en la que personajes con carencias terminan ayudándose unos a otros.
Eso hace que Antonio sea un personaje particularmente entrañable. No es un revolucionario tradicional. Su revolución consiste en enseñar inglés con los Beatles, creer en sus alumnos y tratar a los jóvenes como personas capaces de pensar por sí mismas. Y eso, en un contexto como el de la España franquista, es mucho más rebelde de lo que parece.












