Leonora Carrington regresa a la conversación cultural de la Ciudad de México con una muestra de corta duración que abrirá en febrero de 2026. La Galería OMR será la sede de esta exposición que apuesta por un formato íntimo y contenido, lejos de las grandes retrospectivas museísticas.
A través de una selección puntual de obras, la exhibición propone una nueva mirada sobre el universo simbólico de la artista surrealista y su estrecha relación con México, país donde desarrolló gran parte de su trayectoria.
La muestra se presenta como una oportunidad para acercarse a su obra desde la calma, el detalle y la observación directa.
Dónde y cuándo
La exposición abrirá al público el 3 de febrero de 2026 y permanecerá hasta el 21 de abril. Se llevará a cabo en la Galería OMR, ubicada en la colonia Roma Norte, un espacio que se ha consolidado dentro del circuito del arte contemporáneo por presentar proyectos que dialogan con la historia del arte desde una lectura actual.
Esta exhibición no busca recorrer toda la carrera de Leonora Carrington ni presentar una línea del tiempo exhaustiva. La propuesta curatorial se enfoca en reunir un grupo reducido de piezas que permitan entender su forma de pensar la pintura, los símbolos que atraviesan su obra y las narrativas visuales que construyó a lo largo de los años.
El formato favorece una experiencia cercana con las obras, donde el visitante puede detenerse, observar con calma y establecer una relación directa con cada pieza, sin la prisa ni la saturación que suelen acompañar a las exposiciones de gran escala.
Qué obras se mostrarán
Aunque la Galería OMR no ha dado a conocer el listado completo de obras, se confirmó la presencia de Ethiops, una pieza clave dentro de la producción de Leonora Carrington.
Esta obra corresponde a una etapa de madurez artística en la que su lenguaje visual se vuelve más complejo y estructurado. En este periodo, Carrington desarrolló composiciones densas, llenas de figuras híbridas, referencias alquímicas y escenas que funcionan como sistemas simbólicos cerrados.
No se trata de imágenes pensadas para una lectura inmediata, sino de pinturas que invitan a regresar una y otra vez a los detalles. La inclusión de obras de esta etapa permite entender cómo la artista fue consolidando una voz propia dentro del surrealismo, alejándose de fórmulas conocidas y construyendo universos que responden a sus propias reglas internas.











