Si un hombre vale tanto por sus amigos como por sus enemigos, un detective sin amigos ni enemigos adolece de fortuna y destino y pronto estará acabado, tal como lo demuestra Édgar “El Zurdo” Mendieta en Asesinato en el parque Sinaloa, la más reciente novela de Élmer Mendoza (Culiacán, 1949).
Esta es la quinta y penúltima entrega de uno de los detectives más famosos de las letras mexicanas, quien, a punto de retirarse, desencantado y hastiado por la violencia, debe volver para aclarar el asesinato de Pedro Sánchez, hijo de su mejor amigo, quien fue asesinado por su novia, Larissa Carlón, quien aparentemente lo arrojó a un pozo y más tarde se suicidó.
“Lo que más me importa en cada novela que escribo es atrapar a ese lector contemporáneo dentro de este universo literario, lo cual es bastante difícil de conseguir”, acepta en entrevista el también autor de Un asesino solitario y Balas de plata.
Según reveló en entrevista el escritor, el “Zurdo” es importante porque hasta cierto punto es un reflejo de la sociedad que lo rodea: todos beben, en mayor o menor medida, muchos tiene una adicción autodestructiva que termina dominar y poseen una miseria difícil de abandonar.
Respecto a si escribe desde una zona de confort, el escritor respondió que en absoluto, tenía dudas de escribir La prueba del ácido justamente por eso en cada trabajo crea un artefacto literario cargado de música y referencias poéticas, que capte el vértigo del lenguaje y consiga estimular el gusto del lector para que se sientan vivos.
Este artefacto lo desarrolla a partir su gusto por la literatura hermética, la nueva novela inglesa y francesa. Sin embargo, cree que la novela policiaca tiene ligas muy sutiles culturales entre los lectores y la novela.
“Al final, en el intercambio con los lectores aparece eso y es muy agradable, que tú propusiste una canción y lo llevó a escuchar un CD o quizá lo llevó a tomarse un trago y estuvo a gusto. Eso es parte de lo que deseo crear con el universo de mis lectores”, finalizó Élmer Mendoza.











