"Hablo por experiencia, cuando digo que el trabajo de las mujeres afganas y de los grupos surgidos de la sociedad civil, será fundamental para el éxito del país, dijo la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton, a los representantes de más de 70 países donantes y organizaciones internacionales reunidos en una conferencia en Kabul, Afganistán, el pasado 20 de julio.
Ese mismo día, Clinton anunció el plan estadounidense destinado a promover la igualdad de los sexos en Afganistán, buscando apoyos entre las autoridades religiosas locales. También reveló varios programas destinados a mejorar la salud de las madres y los niños. El gobierno estadounidense aplicará 37 millones de dólares en los próximos cuatro años, para aumentar el número de mujeres profesionales de la salud, dando prioridad a las parteras.
La conferencia internacional sobre Afganistán, que concluyó el 21 de julio en Kabul, cerró con el acuerdo para traspasar al gobierno local más responsabilidades en la gestión de fondos de ayuda y para resolver otros asuntos internos, entre ellos sus propias acciones militares y de seguridad de aquí a 2014.
Clinton se congratuló por una declaración del presidente afgano Hamid Karzai, quien prometió que los derechos de las mujeres, de las minorías étnicas y de los grupos que representan a la sociedad civil ""no serán sacrificados"" en el proceso de paz. Sin embargo, es una ingenuidad pensar que Kardazi va a sacrificar su política de mano tendida a los talibanes a favor de las mujeres. Por eso, aunque los representantes de los países occidentales se muestren satisfechos por la Conferencia de Kabul, creo que no existen motivos para la satisfacción. En Afganistán está ausente el respeto a los más elementales derechos humanos, las mujeres continúan sin ser consideradas ciudadanas, menos aún que estén en igualdad con los hombres.
Según una clasificación de la ONG, Save the children (Salvar a los niños), Afganistán es ""el peor lugar en el mundo para ser madre"". La esperanza de vida promedio de una mujer afgana es de 44 años, y la tasa de mortalidad maternal es una de las más elevadas del mundo, pues una de cada ocho mujeres muere durante el embarazo o el parto. La tasa de analfabetismo femenina es elevadísima.
En la Conferencia se ha hecho hincapié en la necesidad de respetar las costumbres y las tradiciones de los afganos, pero considero que hay costumbres y tradiciones que Occidente no debería de subvencionar. Me es difícil no pensar que los talibanes odian a las mujeres, hasta el punto de condenarlas a vivir encerradas en el burka, el no permitirles acceder a la educación, a vivir recluidas en el ámbito familiar, a ser poco menos que nada.
La labor de Hilary Clinton es una muestra de la importancia de la presencia de las mujeres, aliadas de las mujeres, ocupando posiciones de poder, porque posibilita hacer visible, tanto la falta de respeto a los derechos humanos como la condición de las mujeres. Mientras los asistentes a la cumbre se han conformado con sonreír en la foto con el presidente Kardazi y avanza la política de acuerdos de Kardazi y los talibanes, se dan pasos atrás para la causa de la mujer. Pero nadie dice nada o casi nada.
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