zSerá culpable o inocente?

"Sara Regalado * CP. ""Un veredicto que puede enviar a la muerte a un ser humano tiene que ser así, exacto"", fue siempre la postura del Jurado 8, representado por el primer actor Ignacio López Tarso, que la noche del lunes hizo grande el escenario del Teatro de la Ciudad ""Emilio Rabasa"", junto a otros once jurados que debían dar una resolución al caso de un joven que presuntamente mató a su padre de una punalada. Es lo que se discute en la puesta en escena ""12 hombres en pugna"".

zLos otros once? con sólo mencionarlos se puede imaginar la calidad de obra de la que fue testigo el público tuxtleco, que casi llenó el teatro: David Ostrosky como el jurado presidente; Miguel Pizarro, el Jurado 2; Julio Alemán, Jurado 3; Odiseo Bichir, Jurado 4; Martín Altomaro, Jurado 5; Marco Uriel, Jurado 6; José Elías Moreno, Jurado 7; Aarón Hernán, Jurado 9; Jorge Ortiz de Pinedo, Jurado 10; Patricio ""El Pato"" Castillo, Jurado 11, y Rodrigo Murray, Jurado 12.



Historia medular

La discusión era sencilla, porque realmente no había discusión; todas las pruebas dadas en un juicio realizado en el verano de 1957 en Nueva York apuntaban a que el joven era culpable. Los jurados, todos, sólo tenían que estar de acuerdo para mandar a aquel joven a la silla eléctrica.

Y, en efecto, al llegar a la sala, en la corte de justicia, todos estaban convencidos y dieron su voto en contra del presunto asesino, todos menos uno. Uno que tenía dudas y que sin aclarar cada una de éstas no podía mandar a alguien a la muerte.

Él sólo desglosó sus argumentos, cuestionó a los demás jurados, pero, sobre todo, los hizo conscientes de la responsabilidad que yacía en sus espaldas, en su palabra, los hizo reflexionar en que el voto que dieran tendría que valer más que los boletas para el partido de beisbol que estaba a punto de empezar, o que el infernal calor o que la discusión estúpida.

Así, once jurados escuchando, limpiando, suponiendo y desechando versiones que se pusieron sobre la mesa durante dos horas de gritos, sarcasmos, intolerancia y cerrazón, pero también, a veces, de diálogo, reflexión y congruencia.

""Tenemos un veredicto"", dijo el jurado presidente, para ir a deliberar a la corte, en la que un ser humano iba a ser salvado por ser declarado inocente por unanimidad.

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