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Hoy Escriben - Javier Martín Reyes

A Taddei la pusieron y la empoderaron

Guadalupe Taddei pasará a la historia como la peor titular que han tenido el IFE y el INE. Fue cuestionada, desde su llegada, por su cercanía con Morena.

Después, ya en el cargo, se mostró torpe para construir acuerdos, partió en dos al Consejo General y llenó la estructura de leales antes que de competentes, mientras el instituto perdía a cientos de funcionarios con experiencia.

Hoy sabemos, además, que a la parcialidad y a la incompetencia se suman indicios gravísimos de corrupción. Nunca, en toda la historia del IFE y del INE, una presidencia había quedado bajo la sombra de una presunta relación sentimental con un proveedor cuyas empresas obtuvieron contratos por cientos de millones de pesos.

Si Taddei renunció, fue porque la permanencia de una figura tan impresentable era, simple y sencillamente, insostenible. Pero haríamos mal en festejar y pensar que, con su renuncia, las cosas cambiarán. Nada más falso.

El riesgo es que, tras su salida, los nombres cambien para que todo siga igual. Porque este desastre tiene otros responsables. Porque el principal problema del Taddeigate, por paradójico que parezca, no es Guadalupe Taddei.

Comencemos por algo obvio, pero importantísimo. ¿Cómo llegó Taddei? La respuesta es clara. Llegó gracias a Morena y a sus aliados. Ellos, con sus votos, avalaron a los tres de los siete integrantes del Comité Técnico de Evaluación que metió a Taddei en la quinteta.

La CNDH, capturada por Morena, designó a otros dos. Salvo notables excepciones -como Maite Azuela y Sergio López Ayllón, propuestos por el extinto INAI- ese comité estuvo dominado por figuras afines al oficialismo.

Fue tan burdo que entre sus integrantes estuvieron Andrés García Repper, quien había sido representante de Morena ante el instituto electoral de Tamaulipas, y Enrique Galván Ochoa, un periodista sin experiencia alguna en materia electoral. No es casualidad que las quintetas se conformaron, en buena medida, de figuras cercanas al oficialismo.

Después, la designación quedó en manos de la Cámara de Diputados, donde Morena y sus aliados tenían mayoría. No hubo acuerdo con la oposición para elegir a los mejores perfiles, que los había, y con sobradas capacidades e independencia. Pasamos a la tómbola.

Y la tómbola nos dio a Taddei. Pero Taddei no llegó sola a esta tómbola. Alguien la puso en la quinteta. Y quienes pusieron a quienes armaron la quinteta tienen nombre y apellido. Son las y los legisladores de Morena y la CNDH que Morena capturó.

Por si fuera poco, ya en el ejercicio del cargo, Taddei recibió también el respaldo expreso de Morena. Ante su incapacidad para sacar adelante sus nombramientos, la mayoría le dio algo que ningún consejero presidente del IFE o del INE había tenido jamás.

Le dio la facultad de nombrar a dedo a directores ejecutivos y titulares de unidades técnicas. En octubre de 2024 reformaron el artículo 45 de la ley electoral (LGIPE) para que la Presidencia, por sí sola, pudiera “[d]esignar a los directores ejecutivos y demás titulares de unidades técnicas del instituto”.

Antes, la Presidencia proponía y el Consejo General decidía. Había que convencer, construir consensos, juntar ocho votos. La mayoría de Morena le regaló a Taddei ese superpoder.

Y vaya que Taddei lo usó. Con él designó, entre otros, a Iliana Araceli Hernández Gómez como titular de la Unidad Técnica de Igualdad de Género y a José Alberto Pérez de Acha como titular de la Unidad Técnica de Servicios de Informática.

Con esa misma lógica del dedazo, y como encargado de despacho, ya había puesto al frente de la Dirección Ejecutiva de Administración, la que maneja el dinero del INE, a Jesús Octavio García González.

Hoy los tres están bajo sospecha. Octavio García, según se ha informado en medios, fue representante legal de Cajas Graf y de Corporativo Zeg, empresas que están en el centro del Taddeigate y a las que la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) habría congelado cuentas.

Iliana Hernández aparece en un video difundido en medios, en una fiesta navideña en la casa de José Alfredo Hernández Casillas, el contratista que presuntamente se benefició de su cercanía personal con Taddei. Y José Alberto Pérez de Acha, de acuerdo con lo reportado por la prensa, era asiduo a las fiestas de ese mismo contratista.

Taddei usó, pues, sus superpoderes no solo para ser parcial a favor de Morena. No solo para suplir su incapacidad de gestión. Todo indica, también, que usó esos superpoderes para abrirle la puerta a la corrupción.

Por eso, mientras no cambien las condiciones que permitieron su llegada y su desempeño, podrán cambiar los nombres, pero todo seguirá igual. Y para cambiarlas solo hace falta la voluntad política de Morena.

Podrían, por ejemplo, integrar un Comité Técnico ejemplar, como el de 2020, en el que estuvieron Diego Valadés, Silvia Giorguli, Ana Laura Magaloni, José Roldán Xopa, Blanca Heredia y Sara Lovera.

Entonces, la propia mayoría de Morena pactó con la oposición sus tres propuestas. Y podrían, como propone el diputado Juan Zavala, eliminar los superpoderes de los que tanto abusó Taddei. Pueden. Falta que quieran.