“Nomombotihmo”, calendario chiapaneca…
En tierras tropicales como es Chiapas, el invierto no es perceptible en términos visuales, acá el año se divide en dos estaciones, tiempo de lluvia y de seca.
El calendario que nos rige actualmente es el gregoriano, constituido por 365 días, salvo los años bisiestos que se le agrega un día. Obviamente inicia el 1 de enero y termina el 31 de diciembre. El nombre de los meses están en función de la cosmovisión occidental, ejemplo de ello está el nombre del mes de enero, que hace alusión al dios Jano, del latín Janus, representado con dos caras, el espíritu de las puertas y del principio y el final. Éste fue impuesto por los españoles, como muchas otras cosas, como puede ser hasta la forma de hacer el amor, que se le denomina “pose del misionero”, donde la mujer acostada boca arriba recibe al hombre.
En la cultura de los Chiapa, existe el vocablo “Nomombotihmo”, que etimológicamente significa calendario-almanaque del año agrícola de 18 meses vigesimales, cada mes estaba constituido por 20 días, y los cinco días para complementar los 365, se llamaban “Mu”, comprendido de acuerdo al calendario occidental del 6 al 10 de febrero, es así que es esos días aciagos es cuando se reconfiguraba el universo al término e inicio del siguiente año.
Este calendario indígena era de mayor precisión que el impuesto por los españoles, esto se constató al compararlos y se descubrió un desfase de 10 días, por ello en el siglo XVI fue modificado por orden del papa Gregorio XIII, éste vino a sustituir al calendario juliano. Así que el día siguiente del 5 de octubre de 1582, no fue el día 6 como debería de ser, sino fue el 15 de octubre, de esa manera fue corregido el error de los 10 días.
“Nongahue” es la nominación del primer mes, y significa “El entrante”. En estas fechas decembrinas heredadas por el occidente, le correspondía al mes “Matoui”, y era un mes dedicado al culto, por la presencia del solsticio de invierno (21 de diciembre), comprendido del 12 al 31 de diciembre, por ello “Matoui”, hace referencia también al dios de la guerra y las tempestades (El rayo “Niotouimo”, el relámpago “Toyohmó” y el trueno “Icocotarime”, cuyo templo mayor estaba en el barrio “Mogola” (que significa “dignatarios del templo”), donde se ubica actualmente el barrio San Miguel de Chiapa de Corzo, y que por este maravilloso destino del azar, es desde donde escribo estas líneas…
He insistido en varias ocasiones, sobre la existencia de un error metodológico que se ha incurrido en la interpretación de las diferentes prácticas rituales, la cosmovisión y la cotidianidad de nuestra cultura indígena y mestiza, tratando de analizar e interpretarla desde la mirada del occidente, cuando se debería de explicar desde la cosmovisión del grupo cultural que lo originó, en este caso la nación de los Chiapa.
En una ocasión conversando con el historiador de origen belga Ian de Vos, retomé una de las conclusión que emitió en el libro “La batalla del sumidero”, que los chiapanecas no se habían arrojado al precipicio del cañón del Sumidero, sino que se habían desbarrancado accidentalmente cuando se retiraban por miedo. Y en su oportunidad le comenté que estaba interpretando el hecho desde una óptica personal, y no precisamente desde la constitución ontológica del guerrero, que eso eran precisamente los chiapa, por ello era necesario una nueva lectura desde esa cosmovisión, en ese ejercicio hermenéutico concluiríamos opuestamente de lo que siguiere Ian de Vos.
Es decir, tanto la población en general como algunos especialistas, ponen en evidencia un profundo desconocimiento de la cultura de los Chiapa. El lenguaje es una de las herramientas para entender la forma de interpretar la realidad de manera diacrónica del nativo chiapa, y en la medida que profundicemos en ello, no solo queda inscrita una aportación para la lingüística sino también para la filología, la historia mesoamericana o etnohistoria, la etnociencia, concretamente a las ramas de astronomía, la botánica y la zoología. En el “ Diccionario y la gramática de la lengua chiapaneca” de Mario Aguilar Penagos, podemos encontrar información sobre el calendario solar chiapaneca (tema que desarrollé en esta oportunidad), los nombres de algunas constelaciones, como Orión y las Cabrillas, solsticios y pasos cenitales y el nombre de algunos planetas como Venus; nombres de plantas y árboles; de nombres de animales terrestres y aves, toponimias y apellidos, como puede ser mi apellido, que en esta lengua significa “Río verde”.








