Hace un par de años compartí extractos de un texto del Wall Street Journal, titulado “Mientras el mundo miraba hacia otros lados, Corea del Norte se volvió una mayor amenaza”. El WSJ afirmaba que Kim Jong-un seguía impulsando el desarrollo de un arsenal nuclear más avanzado y amenazante, abandonando la esperanza de reunificación con Corea del Sur y fortaleciendo sus lazos con Rusia. Ahora que Trump parece estar buscando un nuevo acercamiento con Pyongyang y que, por lo pronto, ha reducido considerablemente la escala de sus ejercicios militares anuales conjuntos con Corea del Sur, hay que revaluar el tema.
1. En el fondo, la situación en la península coreana permanece irresuelta y en deterioro. Las decenas de pruebas con misiles que ha lanzado Pyongyang en los últimos años son, en cierto sentido, una especie de intento por recordarlo. Hay que considerar que el régimen norcoreano se autopercibe bajo constante amenaza, más aún tras el fin de la Guerra Fría o cuando, en 2002, fue incluido como parte del “Eje del Mal” por Bush. En ese contexto sus proyectos nucleares y de misiles son para ese régimen una garantía de vida.
2. Por otro lado, tras las tensiones iniciales durante la primera gestión de Trump, en 2018 sobrevino un importante acercamiento entre las Coreas y entre Pyongyang y Washington. No obstante, el diálogo entre Kim y Trump terminó fracasando en 2019.
3. Posteriormente, la guerra en Ucrania llevó a Rusia a transformar su aproximación hacia Corea del Norte. De haber cooperado en el pasado con Occidente para contener el proyecto nuclear de Pyongyang, Moscú pasó a niveles de colaboración sin precedentes, lo que ha incluido no solo el suministro de armamento de Pyongyang para su guerra, sino incluso la participación de tropas norcoreanas a lado de Rusia.
4. Para Kim, las necesidades rusas representaban una enorme ventaja para los temas que a él más le interesan: los relacionados con su propio conflicto. Así, la alianza con Moscú no solo podría comprometer a Rusia a respaldar a Pyongyang en caso de una guerra en la península coreana, sino que ha abierto las puertas a la cooperación en sus proyectos nuclear y de misiles, la capacitación de sus tropas y el acceso a experiencia en tecnologías militares como los drones.
5. Hacia 2026, el punto del que tenemos que partir es que, comparativamente con 2018, la posición de Estados Unidos se encuentra debilitada y la de Pyongyang, en cambio, fortalecida.
6. Del lado de Washington, su guerra con Irán ha exhibido importantes debilidades. Primero, por un comportamiento errático y una deficiente planeación estratégica. Segundo, por su vulnerabilidad ante tácticas de combate asimétrico. Tercero, por las fracturas en sus principales alianzas que se han ventilado. Cuarto, por el agotamiento de su arsenal y la percepción de su incapacidad de aplicar la fuerza en múltiples arenas al mismo tiempo. Por último, y no menor, por la falta de tolerancia que exhibe buena parte de su sociedad y de sus cuadros políticos ante un conflicto armado prolongado.
7. Mientras tanto, los lazos de cooperación militar y tecnológica de Corea del Norte con Rusia fortalecen, como dijimos, su posición en su propia región. Además de Rusia, Pyongyang está cooperando con Irán y sus aliados en múltiples frentes. Por último, la propia posición de fuerza de Kim es evaluada también desde Beijing y Xi está intentando reposicionarse como un factor de influencia en Kim.
Por tanto, una posible aproximación Trump-Kim tiene que evaluarse bajo el contexto que describo.








