La muerte asistida es uno de los temas más polémicos y debatidos en las últimas décadas, tanto en el ámbito académico como en la opinión pública.
Es un asunto complejo que plantea profundas interrogantes sobre la ética, la autonomía personal y el papel de la medicina en el final de la vida.
Tarde o temprano, debemos ponerlo sobre la mesa, más allá de los tabúes. Hago referencia a una situación en la que una persona recibe apoyo médico para acabar voluntariamente con su vida en condiciones controladas.
Este apoyo puede incluir información, asesoramiento y en algunos casos la provisión de medios médicos para que el individuo lleve a cabo la decisión de morir.
Es fundamental distinguir entre suicidio asistido, eutanasia y ortotanasia (muerte digna), términos que a menudo se confunden y se utilizan indistintamente. La diferencia principal radica en quién aplica el medicamento y qué permite la legislación de cada lugar.
La muerte asistida es en realidad un término general, un “paraguas” que incluye diferentes opciones para buscar un final sin sufrimiento:
· Suicidio asistido: El médico receta el fármaco letal, pero es el propio paciente quien se aplica la dosis. La última acción la realiza la persona que desea morir.
· Eutanasia: En este caso el profesional de la salud es quien administra directamente la sustancia letal, siempre bajo el consentimiento claro y firmado del paciente.
· Ortotanasia (muerte digna): No busca adelantar ni retrasar la muerte artificialmente, sino dejar que la naturaleza siga su curso en pacientes terminales, apagando las máquinas que solo prolongan la agonía y concentrándose en que el paciente no sufra.
En México, la muerte asistida es aún un derecho pendiente; actualmente está prohibida. Esto significa que muchas personas no pueden ejercer su libertad para decidir no continuar viviendo ante un sufrimiento extremo o una profunda pérdida de dignidad causada por su enfermedad. Así, se les niega una muerte verdaderamente digna.
Según la Segunda “Encuesta Nacional de Opinión sobre el Derecho a Morir con Dignidad”, realizada en 2022, el 73 por ciento de los mexicanos están a favor de cambiar las leyes para permitir que las personas enfermas puedan recibir ayuda, a fin de terminar con su vida si así lo deciden.
Uno de los principales desafíos para la implementación de la muerte asistida en México es establecer criterios justos y precisos que definan quiénes podrían acceder a esta ayuda, así como diseñar mecanismos eficaces para supervisar su aplicación y evitar cualquier posible abuso.
Esta ley permite a pacientes terminales rechazar tratamientos médicos que prolonguen artificialmente la vida, práctica conocida como la ortotanasia. Aunque la ley no autoriza solicitar ayuda para morir, sí garantiza el derecho a elegir y recibir cuidados paliativos.
Hay dos formas sencillas para hacer el trámite: 1. El camino preventivo, esto es, ante un notario público. En la CDMX cuesta unos 750 pesos si se es adulto mayor, o mil 600 para quienes tienen menos de 65 años.
2. El camino de emergencia, en el hospital. Se realiza cuando la persona ya fue diagnosticada con una enfermedad terminal o incurable. Puede firmarlo el paciente o algún familiar o tutor. En esta fase es gratuito.
El documento de voluntad anticipada no tiene caducidad y puede ser modificado o revocado tantas veces como se desee; siempre será válido el último firmado. Además, en el formato se puede indicar si se desea la donación de órganos.
Para entender mejor, la ortotanasia no provoca la muerte, sino que permite que el cuerpo se despida en paz. Consiste en rechazar intervenciones médicas invasivas y fútiles que no curan, sino que solo prolongan el sufrimiento.
Bajo este modelo, los médicos se enfocan en lo que realmente importa al final de la vida: aliviar el dolor físico, controlar síntomas como náuseas o dificultad para respirar, y brindar apoyo emocional y espiritual tanto al paciente como a sus familiares.
De ninguna manera se abandonan las necesidades básicas: la higiene, la hidratación y la alimentación (mientras el cuerpo lo soporte) se mantienen, así como el derecho a estar acompañado por seres queridos.
La ortotanasia es el escudo contra la distanasia también llamada “ensañamiento terapéutico”. La distanasia es esa insistencia médica de mantener vivo a un paciente terminal, usando tecnología para alargar una agonía de forma cruel e innecesaria. Debemos entender que tener una muerte digna es el último acto de respeto hacia nuestra propia vida.








