Desastre Anunciado

Títeres del “pato”

No pudo ser peor el inicio del año. Apenas en la primera quincena la asfixia es la definición para apuntar el ánimo de los mexicanos ante la oleada de sangre, enfermedades, carestía y alzas de productos básicos que se entrelazan con las arengas optimistas y dibujan a una clase política ambiciosa, con escaso conocimiento –o ninguno- de la geopolítica nacional y una avidez por la manipulación cada vez mayor. Porque, para desgracia de quienes producen, el peso de los ociosos millonarios –herederos de fortunas que juegan a la especulación o de cauces políticos con sabor a cacicazgos-, todavía se impone al silencio de una sociedad ultrajada o esperanzada en el milagro de la Cuarta Transformación.

La gravedad es mayor cuando sumamos a las entidades sumidas en la violencia y la persecución: Guanajuato, Guerrero, Baja California –sobre todo la Tijuana de Jorge Hank-, Chihuahua y el asalto contra Javier Corral Hurtado, Colima, Zacatecas, Nuevo León, Baja California Sur, Yuneslandia que vuelve a ser Veracruz pero bajo el cielo de la impunidad, y la Ciudad de México en donde las trifulcas de la izquierda dibujan las ambiciones de sus dirigentes, sean de Morena o el descafeinado PRD.

Desde luego, contra los cálculos oficiales, los índices de pobreza extrema crecen al ritmo de los aumentos y, sobre todo a algunos alimentos básicos de la mayor parte de los mexicanos. Ni modo de disimularlo. Por allí escuché una discusión entre un indignado consumidor y una marchanta a la que ya no le alcanza para adquirir lo básico:

--Todo es culpa de Obrador –estalló la voz de un adulto, indignado-.

--¡No, señor! Nuestro presidente está descubriendo los males. Dele tiempo que apenas va comenzando –respondió una servidora doméstica asumiendo el papel de crítica delos críticos-.

Buena parte de los servidores públicos siguen siendo vistos como el bando contrario en la guerra por la dignidad y la justicia. Qué tremendamente doloroso. La creencia general sobre la furia de la clase política nubla cualquier análisis ponderado sobre postulantes y partidos en este tremendo 2021 cuando Morena, en serio, busca ampliar su territorio de influencia. No faltan quienes insisten, en los estados donde habrá comicios este y el próximo año, en que nadie es confiable y, por ende, preferirían no sufragar pero tienen temor a ser reprimidos por ello –lo cual es bastante incierto y una falacia para cubrirse las espaldas por parte de los operadores extranjeros al servicio de las dirigencias-, e incluso la posibilidad de perder empleos si no se acude a las casillas.

De cualquier manera, como siempre he insistido, no habrá legitimidad democrática para quien venza con el 30 por ciento de los votantes con un abstencionismo, además, rayando la mitad del Padrón. ¿Cuántos se animarán a votar con la pandemia encima? Tal es la perspectiva que se ofrece mientras el Instituto Nacional Electoral, y su presidente el racista Lorenzo Córdova Vianello, hace circo, maroma y teatro para asegurar que, “ahora sí” -es decir antes no sucedía-, serán limpios los comicios. No he dejado de reírme. A ellos lo que les importa es conservar sus altos sueldos a costa de reducir sus programas ante la abstinencia de ahorros.

Y, mientras, siguen cayendo algunas serias acusaciones pero sin que se toque a los grandes predadores y familiares de AMLO. Los intocables son muchos y Peña sigue pavoneándose en el extranjero ya sin volar sobre las alas de la gaviota pero con “inocentes” palomitas cruzando los océanos. ¿Tanto miedo le tiene a los corruptos el presidente de México?

La Anécdota

El “anaranjado” de la Casa Blanca quedó en medio del “Fuego y Furia”, el libro de Michael Wolff que desató la rabia de los operadores de la Casa Blanca, confirmando el tenor expuesto en la denuncia previa. Todos están fuera de sí ante la exhibición de los pecados del peor mandatario estadounidense de todos los tiempos, un enajenado mental que se situó en 2020 en el abismo por la expansión de sus bravuconerías y enfrentamientos contra Norcorea, Irak, Irán y Siria. A México, al que tanto aborrece, no así al “hombre maravilloso” que lo preside, sólo lo mide por la corrupción de sus políticos que creyó posibilitarán expandir los negocios estadounidenses como uno de sus protectorados más. Mientras, el mandatario AMLO guardó silencio y ahora espera dentro de una semana el fin del trumpismo... una más de sus vergüenzas diplomáticas.

No hay canciller mexicano reciente –digamos desde el petulante Jorge Castañeda- que pueda salvarse de la ignominia.

loretdemola.rafael@yahoo.com