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Hoy Escriben - Juan Pablo Becerra Acosta

Doble fondo

Julio Scherer Jr., ese hermano traidor…

Si usted busca el significado de “perverso”, el Diccionario de la lengua española es seco pero elocuente: “Sumamente malo, que causa daño de forma intencional”.

La misión más relevante del periodismo consiste en develar los excesos perpetrados por quienes ostentan el poder. Y ahí, en ese escondrijo que en este caso podría ser una especie de reporteo gonzo, lo privado muchas veces es de interés público, así que he de decir: me consta que desde adolescente Julio Scherer Ibarra era medio perverso.

Perversón, diría la banda fifí pero pacheca de Jardines del Pedregal en los años 70. Sus hermanas y hermanos no, todo lo contrario, emanaban decencia y calidez, pero él sí era silenciosamente abusivo.

En el barrio de Gabriel Mancera, en los rumbos fresas-rebeldes del Bol Coyoacán y la Vaca Negra, estaba catalogado, para decirlo en lengua originaria, como un pasado de lanza.

¿Cómo lo sé? Porque una buena parte de nuestra infancia-adolescencia mis hermanas y yo la pasamos con ellos, con las hijas e hijos de Julio Scherer García y Susana Ibarra: durante un largo tiempo, hasta el golpe de Excélsior orquestado por Echeverría, nuestros padres y madres (Manuel Becerra Acosta Ramírez y Miriam Molina Sobrino, en nuestro caso) eran amigos, muy amigos, y nosotros de sus hijas e hijos, con quienes pasamos momentos realmente entrañables, salvo con María, porque era muy pequeña.

Lo narré aquí en El Universal hace casi cuatro años, el 26 de marzo de 2022, cuando entrevisté dos veces a Julio chico en medio de uno de sus escándalos, el de presuntas extorsiones a empresarios y abogados.

Pero eso ya fue en el sexenio pasado, así que me regreso un poco. Luego de padecer en la infancia-adolescencia a Julio Junior, años después trabajó con un pariente mío (hermano de mi madre), Enrique Molina Sobrino, un muy destacado embotellador de Pepsi-Cola (el más grande en América Latina, si bien recuerdo) que en mi opinión tuvo la pésima idea de comprar varios ingenios azucareros durante el priismo.

Ahí, en el llamado Consorcio Escorpión, la presuntamente indebida administración de Julio (director general entre 1997 y 2000) metió en líos al grupo y sus socios, que tuvieron que huir por el acoso del gobierno de Vicente Fox, un cocacolero devenido presidente de México que les imputaba problemas fiscales para apropiarse de la producción azucarera, así que se dedicó a perseguir a los miembros del Consejo de Administración, además de funcionarios de menor rango.

De acuerdo con una fuente muy fidedigna, cuya versión cotejé con otra testimonial muy solvente, en aquellos tiempos don Julio tuvo que ir a Los Pinos para interceder a favor de su hijo (lo cual era comprensible), y fue cuando Fox y los suyos se lanzaron contra Molina y no tocaron a Julio chico, quien presuntamente era el responsable de una serie de desfalcos y evasiones al fisco en escorpión, sobre todo vinculados a una presunta simulación de exportaciones de azúcar a España.

En síntesis, en las indagatorias se mencionaba que el Grupo Caze habría recibido en diciembre de 1997, tiempos de Ernesto Zedillo, un subsidio de 102 millones de pesos (mdp), y en 1998 otro de 27 millones, que “no fueron utilizados de manera lícita”, sino que se obtuvieron “y ocultaron” simulando exportaciones por 131 mil 250 toneladas de azúcar. Se ocultaron.

Era cosa de seguir el dinero para constatar quién recibió qué y quién adquirió qué en esos tiempos y años después. Vaya, quién se volvió riquísimo de forma súbita en sus cuentas, sus paraísos y posesiones, y quién ya era pudrimillonario y no necesitaba esa lana presuntamente mal habida.

Yo, siendo generoso, pero muy generoso, le creo a medias a Julio Jr. porque, aunque en su libro diga pedazos de verdades sobre las tuberías de Morena (que ya sabíamos), sus historias provienen de _______ (complétele usted). Y el traidor de un hermano (dice que AMLO era su “hermano” pero en su libro lo hace trizas y lo exhibe como un peligroso inepto), un tipo de esa catadura… siempre me despertará suspicacias, por decirlo gentilmente. Usted verá.