El periodismo no es solo el registro del día a día; es, en su expresión más pura, el guardián de la memoria colectiva. Esta reflexión cobra un sentido profundo en el marco de los 50 años del diario Cuarto Poder, una casa editorial que durante cinco décadas ha cobijado las plumas de periodistas y comunicadores locales, y que junto a la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH) abrió un espacio de diálogo necesario para homenajear la lucha por la libertad de expresión en nuestro estado.
Celebrar medio siglo de un medio de comunicación en Chiapas obliga a mirar al pasado y reconocer que este diario alcanzó una altura mítica.
Durante los años más álgidos del movimiento zapatista, junto con el recordado periódico El Tiempo de San Cristóbal de las Casas, Cuarto Poder se convirtió en una lectura obligada.
Mantener vivo el legado de Don Conrado de la Cruz no es solo un asunto de nostalgia, sino un recordatorio de que la prensa libre ha sido y sigue siendo el motor de nuestras aspiraciones democráticas.
La sacudida del México profundo
No se puede entender el periodismo chiapaneco contemporáneo sin la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el 1 de enero de 1994.
Aquel día, mientras la propaganda oficial festejaba que el país «entraba al primer mundo» a través de la firma de tratados económicos, la realidad indígena y comunitaria demostró que el discurso oficial no era para todos.
El EZLN sorprendió al planeta al nacer a contracorriente. En un contexto internacional donde la vía armada se consideraba obsoleta, apareció una oposición indígena decidida a plantarle cara al modelo económico neoliberal.
Su primer gran legado fue devolverle la voz al México olvidado, a los pueblos originarios que estaban a punto de perderlo todo, incluso su identidad.
Aquellos días de combates y los posteriores diálogos de San Andrés Larráinzar terminaron de configurar a una nación ansiosa de pluralidad y pluralismo, dejando lecciones imperecederas: la visibilidad de las comunidades indígenas, el despertar del activismo social y el fortalecimiento de la democracia.
La paradoja del poder y el dique de la resistencia
Resulta profundamente paradójico que el impulso democrático que generó la “izquierda armada” en los años noventa terminara beneficiando a una izquierda política que hoy, instalada en el poder, arremete contra la prensa crítica amparada en “otros datos”.
Es una ironía histórica que quienes hoy le ponen obstáculos a la libertad de prensa desconozcan que su propio crecimiento político se lo deben a los espacios informativos que la prensa independiente defendió con rigor.
Antes del zapatismo, los comunicadores chiapanecos sentíamos el peso total y asfixiante de los gobernadores en turno. La censura era una herramienta cotidiana del Estado.
Sin embargo, frente al movimiento indígena y el masivo apoyo popular que este concitó, el gobierno no pudo detener a la prensa. Los periodistas caminamos veredas, cubrimos marchas y publicamos comunicados sin cortapisas.
Cuarto Poder abrió sus páginas para dar cabida a la realidad tal cual era, demostrando una gran verdad: cuando los ciudadanos despiertan, el poder político tiembla.
Hoy, a más de tres décadas de distancia, el legado zapatista permanece tangible e intangible a través de la autonomía indígena y la resistencia comunitaria.
Frente a las dinámicas actuales, sus autogobiernos continúan vigentes, erigiéndose como un dique civil contra el avance de la delincuencia organizada y defendiendo sus tierras ante los intentos de desplazamiento por la explotación minera.
El rescate de la historia
El zapatismo también transformó las narrativas con el lenguaje novedoso del Subcomandante Marcos, cuya palabra clara conectó con los sectores sociales de México y con la juventud del mundo entero, rompiendo los viejos dogmas de las guerrillas tradicionales. Los años noventa quedaron marcados por ese «¡Ya basta!» nacido de la dignidad.
El periodismo escribe y relata lo que los movimientos sociales defienden en las calles. A más de 30 años de este hito, debemos recordar que esta historia fue protagonizada por seres humanos de carne y hueso, hombres y mujeres con virtudes y defectos, impulsados por sueños colectivos.
Rescatar estas memorias a través de la prensa libre no es solo una labor profesional, sino un acto de justicia y resistencia para que el silencio nunca vuelva a ser la norma en Chiapas.








