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Hoy Escriben - Mauricio Meschoulam

El eje proiraní

La herramienta de disuasión de Teherán que sobrevive a la guerra

El “eje de resistencia” ha sido para Irán uno de los pilares de su estrategia regional y de su capacidad disuasiva. Se trata de una red de actores ubicados desde Líbano, Siria e Irak hasta Yemen y Gaza, que han actuado, en distintos grados, contra Estados Unidos y sus aliados, como Israel y varios países del Golfo. La ausencia de este tema en el acuerdo nuclear de 2015 fue uno de los principales motivos por los que Trump lo calificó como “el peor acuerdo jamás firmado”. Hoy el tema necesita reexaminarse.

1. Entre Irán y sus rivales, especialmente Israel (y en menor medida Estados Unidos), existía hasta 2023 una ecuación disuasiva que mantenía un relativo equilibrio regional. Para Irán, esa capacidad disuasiva descansaba en: (a) el avance de su programa nuclear; (b) su programa de misiles; (c) una presencia regional creciente en Irak, Líbano y, sobre todo, Siria; (d) su programa de drones; y (e), de manera destacada, la red de milicias que Teherán arma, financia y entrena.

2. Esta red no es un bloque homogéneo. Algunas organizaciones fueron creadas directamente por Irán, como Hezbollah en Líbano, mientras que otras, como los houthies o Hamás, tienen orígenes distintos, pero convergen con Teherán en intereses y adversarios, lo que les ha permitido beneficiarse de su financiamiento y apoyo.

3. Tras los ataques de 2023 de Hamás y la Jihad Islámica contra Israel, varios miembros del eje proiraní se suman a la lucha. Israel respondió inicialmente en Gaza, pero con el tiempo amplió el conflicto hacia Yemen, contra los houthies, y especialmente hacia Hezbollah, al que infligió daños significativos.

4. La escalada llevó en 2024 a intercambios directos de ataques entre Israel e Irán. Para 2025, el eje proiraní aparece profundamente debilitado. Irán pasa a ser percibido como un actor más vulnerable, lo que contribuye a erosionar la ecuación disuasiva y abre el camino a la guerra lanzada por Israel y Estados Unidos en febrero de 2026.

5. En el contexto de nuevas negociaciones entre Washington y Teherán, y de la promesa de Trump de un “mejor acuerdo” que el de 2015, hay que reexaminar el estado del eje proiraní.

6. Hamás y la Jihad Islámica están hoy severamente debilitadas tras los golpes israelíes, aunque no se han desarmado. Hamás mantiene control parcial en Gaza y busca reconstruirse. Es probable que parte de los recursos iraníes liberados por alivios de sanciones contribuyan a este proceso de rearme. El caso de los houthies es distinto: conservan el control de la capital de Yemen y capacidades militares relevantes. Además, mantienen una palanca estratégica clave en el Mar Rojo, por donde transita cerca del 15 % del comercio global.

7. Aunque tras la caída de Assad, los aliados de Irán abandonan Siria, en Irak persisten milicias proiraníes que han sido un desafío constante para las fuerzas estadounidenses.

8. En Líbano, y a pesar de los daños sufridos, con la guerra del 2026, Hezbollah reingresa al conflicto en apoyo a Teherán y muestra una recuperación significativa de capacidades, incluyendo nuevas herramientas como drones de fibra óptica, que causan fuertes daños a Israel. Por tanto, para Israel surge un nuevo imperativo incondicional: el desarme de Hezbollah. Sin embargo, el acuerdo entre Trump y Teherán muestra la posición de fuerza iraní al vincular su cumplimiento a un cese al fuego en todos los frentes, incluido Líbano. En paralelo, cualquier alivio de sanciones reforzaría indirectamente a Hezbollah como receptor de apoyo iraní.