Parecía el fin del mundo
Carmen apenas se había acostado, después de una larga jornada de trabajo, atendiendo la venta en su modesta tienda, combinada con los trajines de la casa y la atención de los hijos y del marido. Serían las 11 de la noche, cuando empezó a escuchar ruidos provenientes del mar, que le parecieron inusuales, pues había nacido a la orilla del Océano Pacífico, en el pueblo de San Benito, conocido también como Puerto Madero y ahora Chiapas.
Media hora después, decidió asomarse a la ventana de la pequeña casa, para ver los movimientos de las olas. Parecían normales, pero algo le decía que lo que escuchaba ya no era normal, pues se volvía cada vez más ensordecedor. El miedo se apoderó de ella y despertó al esposo para decirle lo que estaba ocurriendo.
Presiento que algo malo va a pasar, diría angustiada. Creo que el mar está enojado. Nunca lo había visto así, comentaba, mientras los minutos pasaban y para entonces sus vástagos se habían despertado.
De pronto sintió que todo se movía y todos salieron al patio trasero, en medio de gritos y llantos, ante el aumento del movimiento telúrico que todo sacudía y hacía tronar paredes y techos, mientras se dejaba escuchar el estruendo desde las entrañas del mar, y la tierra se movía de un lado para otro.
Segundos que parecieron eternos, mientras se escuchaban gritos desgarradores de mujeres que aseguraban que se trataba del fin del mundo.
Al concluir el terremoto, vendría la zozobra y el miedo, conscientes de que dada la magnitud del sismo, pudiese ocurrir un tsunami. Las olas empezaron a tener mayor impulso hasta alcanzar la calle principal, pasando por encima de la barrera de protección, constituida por el malecón de reciente construcción.
Terror en los rostros de Carmen y su familia. Una imagen que se repetía a cada paso, en cada casa, organizándose para salir de inmediato en busca de refugio seguro.
Todo comenzaría a las 11 de la noche con 49 minutos y 18 segundos, del jueves 7 de septiembre, en la pequeña comunidad porteña, cimbrada por el terremoto de 8.2 grados Richter, que con epicentro frente a las costas de Pijijiapan, se sentiría de manera simultánea y con la misma intensidad, en el resto de Chiapas, así como en los estados de Oaxaca, México, Tabasco, Michoacán, Puebla, Guerrero, Hidalgo, Tlaxcala, Veracruz y la ciudad de México.
No habían pasado ni 20 minutos, cuando se presentaron en la comunidad elementos de la Armada de México, que salieron de su base en la XIV Zona Naval, para aplicar de inmediato el Plan Marina, de ayuda a la población civil en caso de desastres, lo cual dio confianza a los lugareños, mientras se encontraban en camino más contingentes del Ejército Mexicano, Fiscalía General del Estado, Policías Estatales, Federal, Gendarmería y Municipal.
Un panorama que se volvió general en la Región Soconusco, donde la Mesa de Seguridad Interinstitucional puso en marcha un operativo de emergencia para evacuar a las comunidades ubicadas a la orilla del mar, para trasladarlos a albergues creado sobre la marcha, en las cabeceras municipales.
Los efectivos de seguridad encontraron resistencia en los poblados de El Gancho, en la jurisdicción de Suchiate y las barras de San José y San Simón, en Mazatán, en los que muchos se negaron a abandonar sus casas, seguros de que pasaría nada, porque ellos como pescadores, conocían muy bien los movimientos del Océano.
Frente a tal resistencia, las fuerzas de seguridad optaron por la retirada, con quienes si aceptaron desplazarse tierra adentro, donde permanecerían hasta entrada la mañana, luego de recibir alimentos, y ser devueltos en vehículos militares y de corporaciones policíacas a sus lugares de origen.
Noche de horror en Tapachula, distante 22 kilómetros de la playa y de San Benito, perteneciente a la municipalidad. Más de un minuto de un movimiento de tierra nunca sentido en la Región limítrofe con América Central, donde se sentiría en Guatemala y El Salvador.
Parecía el fin del mundo, cuando el terremoto llegó a su climax, mientras se dejaban escuchar por doquier los gritos de angustia y de la fe: “¡Dios, no nos abandones! ¡Jesucristo, sálvanos! ¡Virgen de Guadalupe, ayúdanos! ¡No quiero morir!”. Plegarias al cielo que volvían más angustiosos los instantes en que todas las casas se bamboleaban y sus estructuras crujían.
La lluvia había cesado momentáneamente para entonces y la luna se dejaba entrever detrás de las nubes, en tanto el cielo se iluminaba con destellos brillantes que parecían relámpagos, que se repetían espectacularmente de manera simultánea con el poderoso sismo.
Escenas nunca antes vistas, que fomentaban el pánico y el temor a lo desconocido, aún cuando la Región Soconusco está considerada como la más sísmica del país, con el antecedente del macro temblor de 7 grados, del 14 de junio pasado y de 6.5 el 22 del mismo mes.
Un fenómeno en el firmamento, que reprodujo en la capital del país y demás entidades donde se sintió el terremoto. Hubo quienes pensaron que las luces destellantes eran consecuencia de la explosión de transformadores de la energía eléctrica, lo cual no resultó cierto.
Explicación científica, al definirlo como “triboluminiscencia”, que se suscita con un sismo, cuando las placas tectónicas se mueven con mucha fuerza y los desplazamientos éntrelas grietas producen energía que se emite en forma de descarga eléctrica.
Mayor precisión en la versión de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), de los Estados Unidos, al determinar que estas luces se producen por el estrés de las substancias en las rocas, lo que libera una especie de plasma que viaja a gran velocidad y produce los destellos que se observan en el cielo.
Conforme se avanza en el tiempo, la información de los efectos devastadores del terremoto se incrementan, tanto en pérdidas humanas como materiales, de tal manera que en Chiapas se han contabilizado 800 instalaciones escolares colapsadas, más 60 en Oaxaca y 75 en la ciudad de México.
Y lo que sigue preocupando a millones, que hasta las cinco de la tarde de este sábado 9 de septiembre, el Servicio Sismológico Nacional, había registrado 777 réplicas del terremoto del jueves con epicentro en Pijijiapan, la mayoría de ellas detectadas en el Istmo de Tehuantepec.
Las imágenes de la tragedia ubican a Juchitán como la de mayores daños, considerando que la foto de la caída de parte del edificio de la Presidencia Municipal sufrió severos daños, sobre todo en la comandancia de policía, donde murieron varios agentes al quedar atrapados entre los escombros.
Pero en Chiapas, los efectos que aún se evalúan son cuantiosos, desde el momento en que se ha declarado como Zona de Emergencia Extraordinaria, a los 122 municipios que conforman el estado, aunque también Oaxaca se encuentra en condiciones muy desfavorables.
La Secretaría de Educación federal, estima que probablemente será hasta el próximo miércoles 13, cuando se reactiven las clases en la mayor parte de las entidades donde fueron suspendidas, para revisar meticulosamente las instalaciones físicas de los planteles y descartar riesgos para los alumnos.
Fuerza destructora de la naturaleza, contra los dos estados más pobres del país, aunque en el caso es totalmente injustificable, por ser poseedor de vastas riquezas petroleras, de gas, así como de generación de petróleo, por las cuales recibe limosnas de la Federación, que lamentablemente han sido bocado fácil de gobiernos estatales corruptos.
Declaración de la Coordinación Nacional de Protección Civil del Gobierno de la República, que ubica en condición de emergencia a 41 municipios oaxaqueños y al total de los chiapanecos, para lo cual se anuncia la activación de los recursos del Fondo para la Atención de Emergencias (Fonden), que se canalizarán en la atención de las necesidades alimentarias, de abrigo y de salud de la población afectada.
Sobresalen en el territorio oaxaqueño, Juchitán, Tehuantepec, Ixtepec, Chahuites, salina Cruz, Matías Romero, San Miguel y Santa María Chimalapa, Tapanatepec, El Espinal y Zanatepec, entre otros.
Oaxaca es hasta ahora el estado con más número de víctimas mortales (45) y más de 250 lesionados. Se reportan 15 fallecimientos en Chiapas y cuatro en Tabasco.
Juchitán es el municipio más dañado, con más de mil viviendas colapsadas, por lo que se implementará un programa de empleo temporal, para aquellos que participen en la reconstrucción y edificación de nuevas viviendas.
De última hora, el gobierno oaxaqueño encabezado por Alejandro Murat, precisa que el número de decesos aumentó a 71 y el de damnificados es superior a los 800 mil.
Noticia de impacto mundial, la del terremoto en México, que llevó al Papa Francisco, de visita en Colombia, a pedir a más de un millón de feligreses católicos reunidos durante la Eucaristía en Villavicencio, que rezarán junto con él por las víctimas que dejó el movimiento telúrico del pasado jueves 7 de septiembre.
Mensaje solidario del Sumo Pontífice: “En este momento deseo manifestar mi cercanía espiritual a todos los que sufren las consecuencias del terremoto que ha azotado a México la noche pasada, provocando muertos y cuantiosos daños materiales. Mi oración por los que han perdido la vida y también por sus familias”.
Y los hechos insólitos siguen registrándose por parte del Servicio Sismológico de la Universidad Nacional Autónoma de México, al detectar un movimiento telúrico de 2.6 grados Richter, con epicentro en la misma capital del país, a tres kilómetros al sureste de Tlalpan, con profundidad de tres kilómetros, en punto de las 21 horas con 54 minutos y 12 segundos.
Reporte de las 21 horas con tres minutos y 54 segundos, con rango de cuatro grados, a 26 kilómetros de Zacualtipan Hidalgo, sin indicar profundidad.
Las réplicas continúan en el Istmo de Tehuantepec, donde a las 22 horas con siete minutos y 21 segundos, se sintió otra más, con magnitud de 5.8 grados, a 111 kilómetros al sureste de Salina Cruz,
con profundidad de 15 kilómetros. A las 22 horas con 30 minutos y 48 segundos, el último con nivel de 4.1 grados, localizado su epicentro a 106 kilómetros y 15 kilómetros de la superficie, de esta misma comunidad porteña.
Preocupante, desde el momento en que los temblores detectados en el centro del país, aparentemente no están vinculados con los de Chiapas y Oaxaca, por lo que es indispensable que la sociedad nacional sea informada con absoluta honestidad, de lo que hasta ahora ocurre, especialmente el de la extraordinaria cantidad de réplicas, no necesariamente con niveles bajos de intensidad, como empieza nuevamente a observarse en la Región de Oaxaca del Istmo de Tehuantepec.
Fluye también de manera solidaria la ayuda a los centros de acopio en la capital del país y otras ciudades importantes del país, sea en alimentos enlatados, ropa y otros productos básicos, además de los depósitos en cuentas bancarias.
Bienvenida la ayuda, aunque no está por demás exigir desde transparencia en su manejo.
Premio Nacional de Periodismo 1983 y 2013. Club de Periodistas de México.
Premio al Mérito Periodístico del Senado de la República y de Comunicadores por la Unidad A.C.








