Los amnésicos  

La visita del Presidente Andrés Manuel López Obrador a la Casa Blanca, el miércoles 8 de julio, se convertiría en toda una sesión de discursos del olvido, capitalizada a su favor por Donald Trump.

El estadounidense, olvidando en el discurso, su odio racial hacia los de piel color café, cuyo país debe pagar la terminación de la construcción del muro divisorio, y de aquellos a los que califica de violadores, narcotraficantes, asesinos y quita empleos de sus connacionales.

Su contraparte mexicana, subrayando su amistad con el inquilino de la casa del poder en la Unión Americana, sin recordar que lo ha calificado de racista, llegando incluso el 15 de marzo de 2017, ante la sede de la Organización de Estados Americanos en Washington, para acusarlo de ser “un canalla que se expresa de los mexicanos como Hitler y los nazis, en una estrategia política demagógica y electorera, que si bien les sirvió a Trump y los suyos para hacerse con la Presidencia, no les permitirá ni afianzarse en el gobierno, ni mucho menos lograr la reelección”.

Visita no oficial, sino de cortesía, ajena totalmente a los tradicionales honores con que se recibe a un mandatario extranjero, previo acuerdo de no tocarse ni con el pétalo de una rosa en sus mensajes, en el que por supuesto López Obrador no utilizó el calificativo del pasado reciente, de “canalla que tanto ha ofendido a los mexicanos”, sino de agradecimiento a su generosidad por ser respetuoso.

Tiempos electorales de renovación de mandato Presidencial en la Unión Americana, que lleva a la amnesia tanto de uno como del otro mandatario, para prodigarse elogios mutuos.

Como blancas palomas de la paz, las muestras de amistad, de la buena vecindad, al reconocimiento mutuo de la grande de los pueblos mexicano y estadounidense y de sus héroes Benito Juárez y Abraham Lincoln.

Fallaron, diría airoso el jefe del Estado Mexicano, los que creyeron que nos pelearíamos en este encuentro, en el que para empezar, no se pusieron de acuerdo en el número de mexicanos migrantes en los Estados Unidos, pues mientras Trump hablaba de 35 millones, López Obrador decía que son 38 millones. Malo en el conteo previo a los comicios de noviembre, en el que Donald apuesta a la reelección por otros cuatro años.

Oportunidad para que el candidato demócrata Joe Biden, sacudiera a ambos, al recordar que Trump calificó durante su campaña de 2016, como los peores delincuentes del mundo a los mexicanos que viven y trabajan en la Unión Americana, y que durante todo su gobierno ha mantenido un discurso en el que “ha esparcido el racismo en contra de nuestra comunidad latina”.

Biden, quien va arriba en las encuestas rumbo a las elecciones a realizarse el martes 3 de noviembre, no desperdiciaría la oportunidad para dirigirse a la cada vez más importante comunidad que habla el idioma español y constituye un factor influyente en el sufragio, a la que dijo que “necesitamos trabajar en asociación con México. Necesitamos restablecer la dignidad y humanidad a nuestro sistema migratorio. Eso es lo que haré como Presidente”.

Un mensaje claro, dirigido indirectamente también al Presidente de México, quien no ingresó a los Estados Unidos como Jefe de Estado, porque no fue invitado por el jefe de la Casa Blanca, al viajar además en un vuelo comercial, por lo que tuvo que sufrir la descortesía de pasar por todos los filtros de la terminal aeroportuaria, además de ser obligado a usar un cubre boca durante el vuelo, y llevar a la mano su constancia de que resultó negativo en la prueba del Coronavirus.

Tal vez por eso, para hacer evidente su investidura, portaría por la mañana del miércoles 8 de julio, la banda presidencial por encima del saco, que de acuerdo al protocolo no se usa, pero que Andrés Manuel aplicó en las ofrendas florales ante las estatuas de Benito Juárez y Abraham Lincoln, en Washington, para hacer valer su alto cargo.

Un viaje en línea aérea estadounidense, bajo el argumento de la “austeridad republicana”, que chocaría con el despilfarro derivado de la decisión del uso de un avión ejecutivo de la Fuerza Aérea Mexicana, que el 11 de noviembre de 2019, trasladó a territorio nacional, en calidad de asilado político, al ex Presidente de Bolivia, Evo Morales, con un costo, que hasta la fecha la Secretaría de la Defensa Nacional, no reportaría.

Travesía hasta América del Sur, a bordo del avión Gulfstream G550, al servicio del secretario de la Defensa, que no del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, con una gran capacidad de desplazamiento autónomo, que de ida a Bolivia, solamente haría escala en Lima, Perú para abastecerse de combustible y de regreso, ya con Morales a bordo, en Asunción Paraguay.

Lo insólito ocurriría cuando el Presidente de la República, decretara que será hasta el 11 de diciembre de 2024, en que la SEDENA  revele tanto la bitácora de vuelo como el presupuesto ejercido para “traer sano y salvo”, al gobernante que en su intento por perpetuarse en el poder, al buscar la cuarta reelección, fuera derrocado por una insurrección encabezada por militares.

De ahí, que los comentarios de Ricardo Monreal Avila, líder de la bancada del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), hayan quedado fuera de la realidad, al calificar de “insólito que un Presidente mexicano pase por aduana de Estados unidos para ver a Trump”, olvidando a Evo, que ya sin ser gobernante se le atendió a su arribo como tal y se le brindó trato como si lo fuera, durante su estancia en la capital del país, al proporcionarle vehículos blindados y protección extrema a cargo de agentes militares del ex Estado Mayor Presidencial.

El ex gobernador zacatecano, no limitaría sus elogios a López Obrador: “Lo inimaginable, lo inesperado es cómo un mandatario en la historia del país va a caminar por los filtros usuales de migración y aduanas y cómo un mandatario por vez primera en la historia de México viajará en avión comercial, como cualquier ciudadano o visitante de aquel país. Insólita será la imagen. Esperada también la misma y estamos muy claros que la austeridad republicana se impone. Eso se llama congruencia. Bien por nuestro Presidente de la República”.

El sentido mediático-populista de mantenerse en la decisión de no utilizar el avión Presidencial adquirido en tiempos del panista Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, pero estrenado por el priísta Enrique Peña Nieto, al considerar que la aeronave es producto de la corrupción de la “mafia del poder”, cuando a su comitiva integró a los más distinguidos miembros de ella y aliados incondicionales del “innombrable” Carlos Salinas de Gortari, que son poseedores de caros aviones ejecutivos con capacidad de viajes de navegación transoceánica sin escalas.

Ahí estuvieron de la mano del gobernante en turno que les engorda la cartera, encabezados por el principal beneficiario e integrante de tal grupo, Carlos Slim Helú, al grado de convertirse en “el hombre más rico del mundo”.

Lista en la que aparece el segundo hombre más beneficiado, antes y ahora, Germán Larrea, el escandalosamente rico por las complicidades gubernamentales que le permiten actualmente acumular más riqueza al pagar ínfimos impuestos –no más de dos por ciento-, de sus utilidades por la explotación minera –oro, plata, cobre y titanio, entre otros, además de su también consentido y asesor, Ricardo Benjamín Salinas Pliego, inmensamente enriquecido por sus contubernios con Raúl Salinas de Gortari, quien le prestaría 50 millones de dólares para comprar Imevisión, hoy TVAzteca.

Algo así como un vuelo charter de línea estadounidense, para llevar a toda su corte de “consejeros” y colaboradores del Gabinete, que incluirían a representantes de las familias de los feudos acaudalados por ser favorecidos por el Presidente en turno, Emilio Azcárraga (Grupo Televisa), Olegario Vázquez Raña (Grupo Angeles), Carlos Hank González (Grupo Banorte), pero que en  ningún momento se consideraría la incorporación de los líderes de los principales organismos empresariales del país.

Una desatención del Presidente de la República, tal vez porque últimamente éstos han elevado el tono de su voz para manifestar su desacuerdo con la actitud del gobierno federal, para hacer frente a la contingencia derivada de la epidemia-pandemia del Coronavirus.

Actitud por demás fuera de lugar del Jefe del Ejecutivo Federal, considerando que su reunión con el jefe de la Casa Blanca, es motivada por el inicio el 1 de julio de la puesta en vigencia del nuevo TLC, en la que el papel del sector privado nacional ha sido y seguirá siendo de suma importancia para el buen funcionamiento de este mecanismo comercial, considerado como el más importante del mundo.

Confirma López Obrador, la continuación de su disgusto con quienes generan en el territorio nacional, la actividad económica y el empleo, que en plena crisis provocada por el nuevo virus que ataca al planeta, se encuentra en situación por demás compleja, frente a la falta de apoyos y estímulos de la autoridad nacional.

La presencia del Presidente de la República en la Unión Americana, estuvo precedida de críticas por la inmediatez de la respuesta a la mención, que no invitación de Trump, de que pronto visitaría la Casa Blanca, interpretada como un acto de obediencia-sumisión, al considerarse que significaría un respaldo al gobernante estadounidense para atraer el voto de los migrantes mexicanos, a favor de su propósito releccionista.

El Partido Acción Nacional advertiría que la reunión con Trump se utilizará con fines electorales y ese es un error que lesiona y humilla a México.  

Ello sería interpretado por Andrés Manuel, como un “mal augurio de inevitable enfrentamiento, que no se cumplió”, mientras agradecería a su homólogo, “que durante mi mandato como Presidente de México, en vez de agravios hacia mi persona y, lo que estimo más importante, hacia mi país, hemos recibido de usted

comprensión y respeto”.

Un deshojar de la margarita del olvido, en el que López Obrador estaría sobrado de elogios, en los días en que el racismo de la Supremacía Blanca sigue cobrando las facturas de los odios sembrados por su líder que despacha en la Oficina Oval:

“Ahora que decidí venir a ese encuentro con usted, presidente Trump, en mi país se desató un buen debate sobre la conveniencia de este viaje. Yo decidí venir porque, ya lo expresé, es muy importante la puesta en marcha del tratado, pero también quise estar aquí para agradecerle al pueblo de Estados Unidos, a su gobierno y a usted, presidente Trump, por ser cada vez más respetuosos con nuestros paisanos mexicanos”.

Ningún recuerdo, a pesar de la cercanía de los chantajes de aplicación de aranceles a las exportaciones mexicanas a la Unión Americana, hace un año, si México no frenaba en su Frontera Sur a los migrantes financiados por Washington, con fines electorales:

“Usted no ha pretendido tratarnos como colonia, sino que, por el contrario, ha honrado nuestra condición de nación independiente. Por eso estoy aquí, para expresar al pueblo de Estados Unidos que su presidente se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto, nos ha tratado como lo que somos: un país y un pueblo digno, libre, democrático y soberano”.

Inicio de una luna de miel AMLO-Trump, con miras al martes de sufragios del 3 de noviembre, en el lenguaje discursivo siempre dual y oportunista del aún jefe de la Casa Blanca: “En los Estados Unidos, las contribuciones extraordinarias de mexicanos-americanos se sienten en todas las industrias, las comunidades y en todos los lugares de nuestra nación. Del comercio a la ciencia y en todos lados”.

Premio Nacional de Periodismo 1983 y 2013. Club de Periodistas de México.

Premio al Mérito Periodístico 2015 y 2017 del Senado de la República y de Comunicadores por la Unidad A.C.