Hechos
Nadie puede dudar de los beneficios que ha traído el uso del celular. Es una ayuda extraordinaria, fruto de la gran capacidad intelectual que Dios ha puesto en nuestras mentes. Podemos relacionarnos mejor, conocer varias opciones y decidir muchas cosas en la vida. ¡Cuánto se ha facilitado lo que antes nos costaba tanto trabajo!
Sin embargo, en algunos casos se ha convertido en un instrumento que ata tanto a las personas que no pueden vivir sin estar a todas horas pendientes del mismo, y con ello se distancian de las personas y de la realidad.
Una persona me consultó si su confesión sacramental había sido válida, porque el sacerdote que la atendió en el confesionario durante todo el tiempo estuvo viendo y manejando su celular.
Desde que empezó la confesión y la persona iba diciendo sus pecados, el sacerdote estaba más pendiente del celular que de lo que se le decía. Casi no terminó de decir sus pecados y el sacerdote le dio la absolución sin dejar de ver su celular.
¿Valió su confesión? Claro que para la persona sí valió, pues Dios ve el corazón; pero ¡qué falta de respeto por parte del sacerdote! Así, mejor que ni se siente a confesar. Es un momento muy sagrado y los fieles merecen todo respeto, ser escuchados y atendidos con la mente y con el corazón, al estilo de Jesús.
Cuando he dirigido retiros espirituales a sacerdotes, seminaristas o religiosas, es frecuente que alguno esté más pendiente del celular, que de la meditación.
En asambleas o reuniones de todo tipo, desde diputados y senadores, hasta obispos y agentes de pastoral, cuando se están discutiendo diversos asuntos, algunos votan sin saber lo que se está decidiendo, u opinan sin tomar en cuenta lo que ya otros expresaron, porque estaban más pendientes de las últimos novedades o informaciones en su celular, la mayoría de las veces intrascendentes, que de lo que se estaba tratando.
La curiosidad les atrapa. Y si lo olvidan o lo pierden, se sienten perdidos. ¡Tanto dependen de él! Lo mismo pasa en la familia, cuando a la hora de los alimentos ya no conversan, sino que cada quien está viendo su celular. A veces, sucede entre los mismos novios, que pasan largos ratos en su celular, en vez de compartir la vida.
En algunos lugares, se ha prohibido su uso en las escuelas primarias, para evitar que los niños estén tan distraídos que no pongan atención a sus maestros y que no retengan ni memoricen, porque todo les resbala. En otras instancias, se buscan formas de que los alumnos no usen el celular, para que no se desconcentren.
Iluminación
El papa León XIV dijo a los misioneros digitales, con ocasión de su Jubileo:
“Jesús llamó a sus primeros apóstoles mientras reparaban sus redes de pescadores. También lo pide a nosotros, es más, nos pide hoy construir otras redes: redes de relaciones, redes de amor, redes de intercambio gratuito, en las que la amistad sea auténtica y sea profunda.
Redes donde se pueda reparar lo que ha sido roto, donde se pueda poner remedio a la soledad, sin importar el número de los seguidores —los follower—, sino experimentando en cada encuentro la grandeza infinita del amor.
Redes que abran espacio al otro, más que a sí mismos, donde ninguna ‘burbuja de filtros’ pueda apagar la voz de los más débiles. Redes que liberen, redes que salven. Redes que nos hagan redescubrir la belleza de mirarnos a los ojos. Redes de verdad.
De este modo, cada historia de bien compartido será el nudo de una única e inmensa red: la red de redes, la red de Dios. Sean entonces ustedes agentes de comunión, capaces de romper la lógica de la división y de la polarización, del individualismo y del egocentrismo. Céntrense en Cristo, para vencer la lógica del mundo, de las fake news y de la frivolidad, con la belleza y la luz de la verdad” (29-VII-2025).
En el encuentro con los jóvenes, con ocasión de su Jubileo, les dijo:
“Ahora, entre las muchas conexiones culturales que caracterizan nuestra vida, internet y las redes sociales se han convertido en una extraordinaria oportunidad de diálogo, encuentro e intercambio entre personas, así como de acceso a la información y al conocimiento.
Sin embargo, estos instrumentos resultan ambiguos cuando están dominados por lógicas comerciales e intereses que rompen nuestras relaciones en mil intermitencias.
A este respecto, el papa Francisco recordaba que a veces los ‘mecanismos de la comunicación, de la publicidad y de las redes sociales pueden ser utilizados para volvernos seres adormecidos, dependientes del consumo’. Entonces nuestras relaciones se vuelven confusas, ansiosas o inestables.
Además, como saben, hoy en día hay algoritmos que nos dicen lo que tenemos que ver, lo que tenemos que pensar y quiénes deberían ser nuestros amigos. Y entonces nuestras relaciones se vuelven confusas, a veces ansiosas.
Es que cuando el instrumento domina al hombre, el hombre se convierte en un instrumento: sí, un instrumento de mercado y a su vez en mercancía. Sólo relaciones sinceras y lazos estables hacen crecer historias de vida buena” (2-VIII-2025).
Acciones
Eduquémonos para ser libres y saber cuándo usar el celular y cuándo no tomarlo en cuenta. Pongámonos en el lugar de la persona que tenemos en frente: si la oímos sin escucharla porque estamos pendientes del celular, no se sentirá tomada en cuenta. Amar a los demás es también atenderlos a ellos, antes que al celular.
*Obispo Emérito de SCLC