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Hoy Escriben - Ciro Castillo

Ensalada de Grillos

El brillo de la Perla

Hay problemas que una ciudad hereda como quien recibe una casa antigua: techos que crujen, tuberías que gotean y un cuarto que nadie quiere abrir. En Tapachula pasó algo parecido, pues ese cuarto siempre fue el manejo de los residuos sólidos. Todos sabían que estaba ahí.

Todos sabían que tarde o temprano habría que entrar, sin embargo años después, la estrategia fue cerrar la puerta y subirle al volumen de la música, hasta que, como siempre, pasó lo que iba a pasar…

Decisiones

Cada tapachulteco recuerda que los incendios en el basurero eran casi una cita anual. Se asumían como inevitables, como si el fuego fuera parte del calendario cívico. Pero el episodio más reciente rompió incluso esa lógica torcida de la costumbre. Esta vez, el incendio comenzó en cuatro puntos simultáneos. Cuatro. Zonas donde, casualmente se acumulaban residuos y llantas colocadas con precisión quirúrgica para avivar las llamas.

Llamarlo coincidencia exige más fe que evidencia; la ciudad no solo enfrentaba un problema ambiental; estaba frente a una señal clara de que el conflicto había entrado a otra dimensión.

Antes de eso, el termómetro ya marcaba presión alta con el transbordo de Laureles. La inconformidad ciudadana fue legítima; nadie quiere convivir con montañas de residuos cerca de casa. Pero en el camino, la protesta encontró combustible político.

Los tricicleros se volvieron pieza visible de bloqueos que tensaron el escenario público y transformaron una demanda vecinal en una disputa de fuerzas.

Esta vez, a diferencia de otras ocasiones, el alcalde Yamil Melgar eligió no patear el balón. Decidió retirar el transbordo, apagar el foco rojo inmediato y asumir el costo (incluso puede ser político) de mover una estructura que llevaba años operando con inercias difíciles de romper.

No es de ahora

El problema no nació ayer ni en esta administración y, por el contrario, se trata de una herencia acumulada por decisiones aplazadas, presupuestos insuficientes y silencios convenientes. Frente a eso, que incluye a gobiernos inoperantes y despilfarradores, había dos rutas posibles: simular que nada pasaba y dejar que el siguiente gobierno cargara con la factura, o tomar decisiones de fondo, de esas que no se traducen en aplausos rápidos porque no se cortan listones ni se iluminan avenidas, pero que sí construyen condiciones más limpias, más ordenadas y sostenibles para las próximas generaciones.

La nueva ERA

La diferencia ahora es que Tapachula no está sola en esa ruta y en la nueva ERA.

El gobernador Eduardo Ramírez ha sido un aliado del municipio, respaldando las decisiones que buscan resolver el problema de raíz y no solo administrarlo. Ese acompañamiento estatal cambia la ecuación: cuando el gobierno del estado y el ayuntamiento coinciden en la necesidad de transformar el manejo de residuos, la posibilidad de dejar un legado deja de ser discurso y empieza a tomar forma técnica y operativa.

También es digno reconocer a la secretaria Malena Torres ha fungido como interlocutora clave del gobernador, aportando el componente técnico que convierte la voluntad política en acciones viables. Porque un relleno sanitario, la modernización del sistema de recolección y la regulación ambiental no se sostienen con declaraciones; requieren planeación, normativa y continuidad.

El dato incómodo para algunos es que las decisiones de fondo rara vez son populares en el corto plazo. No se traducen en fotos espectaculares ni en inauguraciones multitudinarias. Son, más bien, apuestas silenciosas por el futuro. Y justamente por eso incomodan a quienes preferirían que el problema siguiera siendo bandera de crítica en lugar de convertirse en tarea resuelta.

Tapachula vive hoy un momento que definirá su memoria ambiental. Mientras en el pasado se optó por aplazar, ahora se elige intervenir. Eso implica resistencias, narrativas adversas y sospechas amplificadas, especialmente cuando los intereses políticos encuentran en la basura un argumento útil. Pero también implica algo más profundo: la posibilidad real de heredar una ciudad más limpia, más organizada y con reglas claras en el manejo de sus residuos.

Las decisiones que hoy se toman no buscan agradar a todos, pues siempre habrá quienes no tienen llenadera. Las decisiones tomadas buscan resolver lo que durante años nadie quiso firmar con responsabilidad plena.

Y mientras algunos ya se preguntan cuál será el siguiente tema que intentarán colocar para desviar la conversación o manchar nombres, la realidad es más simple y más contundente: Tapachula está enfrentando un problema histórico con acciones que priorizan el largo plazo. Comienzan los legados que sobreviven al ruido, porque hoy sí hay una voluntad para transformar a Tapachula, para transformar y hacer brillar a La Perla del Soconusco…

elderoficialchiapas@gmail.com