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Hoy Escriben - Fernando de Buen

Fuego amigo

A ocho meses de las elecciones de 2027, los partidos políticos mexicanos parecen haber encontrado un adversario más peligroso que sus rivales: sus propios compañeros.

El fuego amigo cruza gobiernos, dirigencias y precandidaturas, y nos demuestra que todo aquel que aspire al poder hará lo posible por meterle una zancadilla a quien el supremo liderazgo señaló para disputarlo.

Ocurre todos los días en la Presidencia, el Congreso y los partidos políticos. Es tal la ambición de poder y sus felices consecuencias que igual se lucha por el pastel completo que por las migajas que quedan en el plato, mientras los ciudadanos quedamos reducidos a espectadores en esta guerra de apetitos desmedidos.

El incendio no comenzó con las precandidaturas. Desde la llegada de Claudia Sheinbaum a Palacio Nacional, la convivencia entre obradoristas y claudistas ha estado pletórica de disputas y escándalos que la presidenta no ha podido controlar. Las rebeliones en la granja han sido del conocimiento público desde el día uno de la actual administración.

Si bien la presidenta había logrado templar los ánimos en cierta medida, los recientes nombramientos de los 17 coordinadores estatales -precandidatos, pues- volvieron a despertar al jabalí en una encarnizada pelea por el reparto de plazas, mientras ella pasa horas en mañaneras justificando las acciones de sus compañeros de facción, en lugar de abordar los muy serios problemas que aquejan al país.

La diferencia con su antecesor es notoria, pues con aquel las ambiciones también existían, pero nadie se atrevía a desafiar su autoridad. Actualmente, Morena permite la indisciplina de sus cuadros ante la ausencia del amo que, en su personificación del Topo de Palenque, solo asoma la cabeza cuando siente la amenaza a su persona o a los suyos.

Hoy, no hay quien controle a los ávidos por el poder.

En Guerrero, Félix Salgado Macedonio aspiraba a suceder a su hija Evelyn, pero las reglas antinepotismo de Morena le cerraron el camino. A pesar de la designación de Beatriz Mojica, Salgado -quien carga con denuncias anteriores por presunta violencia sexual y señalamientos por sus nexos con Celso Ortega, dirigente de Los Ardillos- no pudo quedarse callado y, aun a sabiendas de que la candidatura le resulta inaccesible, se la pasa diciendo que él es el más popular.

En Chihuahua, Andrea Chávez perdió la disputa interna frente a Cruz Pérez Cuéllar. La senadora, cercana a Adán Augusto López -quien es la verdadera víctima del flamígero dedazo-, dejó ver su desacuerdo y poco después recibió el beneplácito de Morena para candidatearse en Ciudad Juárez como alcaldesa. De nuevo, la negociación no habría sido con ella, sino con su tutor político.

En Nuevo León, Tatiana Clouthier fue más lejos y cuestionó la elección de Clara Luz Flores, promoviendo su propio movimiento. No le faltará razón a Tatis, pues la elegida -conocida discípula del traficante sexual Keith Raniere- sufrió una estrepitosa derrota en su búsqueda de la gubernatura en 2021, con solo el 14 % de los votos.

Más que luchar por conquistar el estado más difícil del país para la 4T, un resignado Morena parece estar resuelto a ofrecer a Clara Luz en bandeja de plata a su aliado secreto, Movimiento Ciudadano, para que no le haga sombra a la probable candidata de los naranjas, Mariana Rodríguez, esposa del infumable gobernador actual, Samuel García.

Y como si los pleitos morenistas no bastaran, las negociaciones y los desencuentros con sus otros aliados, el PT y el PVEM, añaden combustible, aunque los verdes han vendido caro su amor, pues les sacaron a los morenos cuatro gubernaturas, mientras que el PT sigue sin enterarse si recibirá algo a cambio de su papel como meretriz del sistema.

Lo sorprendente es la incapacidad de la oposición para aprovechar las pugnas cuatroteístas y, en vez de enfocarse en marcar tan crasos errores, panistas y priistas libran sus propias batallas, solo que por porciones ínfimas de poder.

Nuevo León podría marcar un parteaguas en su insoportable abulia, ante la posibilidad de que ambos apoyen a Adrián de la Garza en su camino a la gubernatura del estado. Tal alianza debería extenderse a otros estados para presentar un frente común capaz de confrontar a la aplanadora oficial.

En el PRI, las disputas alrededor de “Alito” Moreno han terminado incluso en tribunales. En 2025, su intento de expulsar a Enrique Ochoa Reza por haberlo criticado fue frenado en seco por el TEPJF.

En el PAN, las pugnas por alianzas, dirigencias y candidaturas se disfrazan de discursos solemnes sobre la unidad. Cada facción asegura querer salvar al partido, siempre que sea ella quien decida cómo hacerlo.

Yucatán es un ejemplo revelador. Renán Barrera, derrotado en la elección de gobernador de 2024, responsabiliza a sus correligionarios de aquella debacle y ahora cuestiona la reelección de su sucesora Cecilia Patrón, precisamente cuando la actual administración investiga probables irregularidades durante su tercera gestión como alcalde de Mérida.

La administración municipal presentó una denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción de Yucatán por supuestas irregularidades financieras por 5.7 millones de pesos en Servilimpia, correspondientes al último año del gobierno de Barrera.

A ello se suman los cuestionamientos por la transferencia de más de mil 200 millones del fondo de pensiones municipales a Bursamétrica y denuncias por presunto enriquecimiento inmobiliario.

Nada de esto acredita responsabilidad penal personal del exalcalde, pero podría explicar su afán de cometer traiciones políticas y exhibirlas en la arena pública.

Quizá no ha entendido que Patrón ha sido considerada como una de las mejores titulares de alcaldías del país (CE Research, 3º lugar, 69 %, agosto de 2026). La dirigencia del PAN, mientras tanto, sigue extrañando sus viajes a Europa.

El contraste es denigrante: Morena se pelea por lograr un poder omnímodo, mientras una oposición dividida se disputa lo poco que aún conserva; y así, cuando lleguen las campañas de 2027, muchos candidatos quizá descubran que el adversario que más los debilitó nunca estuvo enfrente. Estaba en su propia trinchera.