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Hoy Escriben - María Teresa Ealy Díaz

La Presidenta no está para responder por nosotros

Este miércoles Morena abrió la convocatoria para definir las Coordinaciones Distritales Federales en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en los 300 distritos del país.

Y con ella no solamente comienza una nueva etapa de organización rumbo a 2027; también comienza una prueba para nuestro movimiento. Una prueba mucho más importante que cualquier encuesta: demostrar qué tipo de personas queremos representando a Morena.

La convocatoria habla de compromiso con las causas del pueblo, trabajo en favor de la transformación, honestidad, sencillez y apego a nuestros principios. No son palabras menores. Son —o deberían ser— la vara.

Porque Morena ya no está en el mismo lugar que hace ocho años. Ya no somos solamente un movimiento que busca llegar al poder para cambiar las cosas.

Somos el movimiento al que millones de mexicanas y mexicanos le confiaron la responsabilidad de gobernar el país. Y gobernar obliga más que competir.

Por eso creo que debemos decir algo incómodo, pero necesario: Morena no puede convertirse en una agencia de colocación política. No puede tratarse de quién quiere el siguiente cargo. Ni de quién tiene más posters. Ni de quién conoce a quién. Ni de quién logra hacer más ruido.

El territorio tiene memoria. La gente también. Y quien aspire a representar a Morena debería poder responder preguntas mucho más importantes que cuánto mide en una encuesta: ¿Dónde estuvo cuando no había registros? ¿A quién ayudó cuando no había cámaras? ¿Qué causa defendió cuando defenderla no daba votos? ¿Qué resultados puede poner sobre la mesa? ¿Quiere transformar o simplemente quiere llegar?

Quienes militamos en Morena tenemos una enorme responsabilidad con la presidenta Claudia Sheinbaum. Y esa responsabilidad no consiste solamente en decir públicamente que la respaldamos. Consiste en comportarnos a la altura del proyecto que ella encabeza.

La Presidenta no está para responder por los escándalos, excesos, errores o frivolidades de cada militante de Morena. Nosotros estamos para ayudarle a ella, no para convertirnos en problemas que ella tenga que explicar.

No basta con preguntar quién es más conocido. Hay que preguntar quién representa mejor nuestros principios. Quién suma al proyecto y quién lo desgasta. Quién genera resultados y quién genera explicaciones. Quién entiende el poder como una responsabilidad y quién sigue viéndolo como un privilegio.

Las encuestas son una herramienta importante para escuchar a la ciudadanía. Pero ninguna encuesta debería convertirse en una coartada para abandonar nuestros principios.

Porque ganar una encuesta no convierte automáticamente a nadie en un buen representante de la transformación. Y tener una aspiración legítima tampoco genera un derecho adquirido a una candidatura.

Nadie tiene comprado un distrito. Nadie tiene comprada una candidatura. Nadie tiene comprada la confianza de la gente.

Morena tiene frente a sí una oportunidad extraordinaria rumbo a 2027: demostrar que puede renovar sus cuadros sin perder su esencia; abrir espacios sin premiar oportunismos; permitir la competencia sin convertirla en una guerra de ambiciones personales.

Por eso celebro que las reglas hablen de territorio, causas, honestidad y sencillez. Ahora hay que hacer que esas palabras pesen.

Morena no está buscando personas a quienes resolverles su futuro político. Está buscando personas capaces de asumir una responsabilidad política.

Y quienes aspiren a hacerlo deberían tener presente algo muy sencillo: Claudia Sheinbaum ya tiene suficiente con gobernar México. A nosotros nos corresponde ayudarla, no convertirnos en otro problema que tenga que resolver.

Porque cualquiera puede levantar la mano. Lo difícil es tener las manos limpias, los pies en territorio y la conciencia tranquila para hacerlo.