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Hoy Escriben - Laura Manzo

La productividad no es poder

“Todo el mundo está usando Inteligencia Artificial (IA) y sintiéndose más productivo, pero nadie está llegando antes a casa”, nos dijo un maestro en Oxford hace unas semanas. Y sí. La promesa era liberar tiempo y la realidad es que estamos usando ese tiempo para hacer todavía más.

Ansiosos de competitividad y sabiendo que el del escritorio de junto también le está pidiendo a ChatGPT que le haga la presentación, la carrera ya tiene marcador.

Casi una cuarta parte de las firmas financieras de Wall Street vincula aumentos, bonos o promociones con el dominio de la Inteligencia Artificial, según una encuesta a 500 ejecutivos que publicó ayer Reuters.

Otro 30 % pide declarar su uso en las evaluaciones de desempeño. “Todavía no hay una fórmula”, admitió un directivo de la firma que hizo el estudio, “pero esperamos que se defina el próximo año”.

Mientras tanto, México discute desde la otra orilla. En menos de tres meses la jornada máxima bajará de 48 a 46 horas, primer escalón hacia las 40 en 2030, y las empresas tendrán que registrar electrónicamente a qué hora entra y sale cada quien.

Es una conquista que se logra justo cuando el trabajo de oficina dejó de medirse en horas. El reloj checador sabrá cuándo llega usted, pero no sabrá cuántas cosas le cupieron desde que llegó. Porque si alguien hace en tres horas lo que antes hacía en seis, ¿de quién son las otras tres?

La ley responde por el tiempo; nadie responde por la productividad. Esas horas pueden volverse más tareas, más responsabilidad con el mismo sueldo o, más adelante, menos gente haciendo lo mismo.

La respuesta de las empresas es, por ahora, de una sencillez predecible. Según la Guía Salarial 2027 de la firma Michael Page, solo 14 % toma en cuenta la IA para definir salarios. Se exige, no se paga. Como el inglés en sus tiempos.

La brecha que viene es entre quienes cobran la productividad y quienes solo la producen. Olvídese de las habilidades. Y para cobrar hay que poder negociar, dirigir o ser dueño. Ahí el género vuelve a alcanzar. Sí, otra vez.

En las empresas privadas, las mujeres ocupan entre 3 y 4 % de las direcciones generales (IMCO). La productividad la van a poner todas esas mujeres en la fuerza laboral; la factura la van a firmar pocos.

La IA empieza a convertirse simultáneamente en obligación, criterio de evaluación y, para las mujeres incluso en una señal que puede penalizar su competencia percibida.

En un experimento publicado en HBR, mil 26 ingenieros evaluaron exactamente el mismo código. Cuando creían que su autor había usado IA, lo calificaban como menos competente: 6 % menos si era hombre y 13% menos si era mujer. Mismo código, distinta sospecha.

Él es práctico; ella, sospechosa. Visto así, la brecha de uso que documenta Harvard en más de 300 mil personas (48 % de los hombres usa IA generativa, frente a 39 % de las mujeres) quizá no sea solo de acceso o de habilidades. Puede ser también un cálculo.

Si usarla te hace ver menos capaz, esconderla es una forma de protegerte. Pero si los bonos empiezan a depender de demostrarla, esconderla también cuesta. Pierdes si la usas y pierdes si no. Bienvenida señora al futuro, que se parece al pasado, pero más aterrador.

Un análisis preliminar de México, ¿cómo vamos?, con datos de la ENOE, estima que 7.7 % de las trabajadoras está en las ocupaciones más expuestas a la IA generativa, frente a alrededor de 3 % de los hombres.

Son 1.87 millones de mujeres, sobre todo en secretariado, apoyo administrativo, contabilidad y atención telefónica. Es en esos escritorios donde primero se va a decidir quién se queda con las horas ahorradas. Y para ellas llegar antes a casa tampoco es descansar. La IA todavía no lava trastes.

Va a tener usted reloj checador en cada oficina y, hasta donde pude revisar, ni una sola encuesta representativa que diga quién usa IA en el trabajo, para qué, quién la esconde y quién se queda con el tiempo que ahorra.

Se medirá la entrada y la salida. Lo de en medio, que es donde está el dinero, sigue a oscuras en el mundo patriarcal. Durante décadas se peleó por las horas. La siguiente batalla es por lo que cabe en ellas.