Hay amenazas para la salud infantil que no se ven, no huelen y rara vez producen síntomas inmediatos. El plomo es una de ellas. Puede estar presente en la loza de barro vidriado, en el polvo de algunas viviendas o en materiales contaminados. Y mientras pasa inadvertido, puede afectar uno de los órganos más importantes para el futuro de cualquier niña o niño: su cerebro.
La Organización Mundial de la Salud advierte que no existe un nivel seguro de exposición al plomo. Durante los primeros años de vida, cuando el cerebro se desarrolla a gran velocidad, este metal puede afectar el aprendizaje, la atención, el lenguaje y la conducta. Algunas de sus consecuencias pueden acompañar a las personas y limitar sus oportunidades durante toda la vida.
En México, el problema está lejos de desaparecer. Un análisis reciente del Instituto Nacional de Salud Pública, basado en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2022–2024, estimó que 15.8 % de las niñas y niños de uno a cuatro años tenían concentraciones de plomo en sangre iguales o superiores a 5 microgramos por decilitro.
Esto equivale aproximadamente a 1.2 millones de niñas y niños. Lo más preocupante es que la situación no ha mejorado significativamente respecto a las mediciones realizadas años atrás.
Las diferencias entre entidades también son importantes. Un análisis anterior del INSP reportó prevalencias cercanas al 30 % en la Ciudad de México, el Estado de México y Oaxaca, y superiores al 35 % en Puebla, San Luis Potosí y Tlaxcala.
Aunque estas estimaciones estatales necesitan actualizarse, muestran que la exposición no se distribuye de manera uniforme y que algunas regiones requieren especial atención.
Estas cifras son preocupantes, pero también tienen una limitación: nos ayudan a dimensionar el problema, aunque no necesariamente a identificar las colonias, comunidades o fuentes de exposición donde resulta más urgente intervenir.
Y hay otra pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿cómo se están desarrollando nuestras niñas y niños, independientemente de sus niveles de exposición al plomo?
Esta semana, del 18 al 24 de octubre, se celebra la Semana Internacional de Prevención de la Intoxicación por Plomo, bajo el lema “De la detección a la prevención”.
Coincidiendo con esta conmemoración, esta semana firmamos el convenio de un proyecto financiado por la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México (Sectei), que desarrollaremos desde el Instituto Nacional de Perinatología.
La investigación dará seguimiento a 350 niñas y niños de Iztapalapa, Venustiano Carranza e Iztacalco. Mediremos sus concentraciones de plomo en sangre y evaluaremos su desarrollo infantil en tres momentos durante sus primeros 18 meses de vida.
Pero el valor de esta experiencia podría ir mucho más allá de sus participantes. El proyecto contempla capacitar personal vinculado con las Utopías y desarrollar materiales y actividades de orientación para que las familias conozcan los efectos del plomo, identifiquen posibles fuentes de exposición y aprendan cómo reducir los riesgos para su salud.
Existe además otra oportunidad. En México contamos con herramientas como la prueba de Evaluación del Desarrollo Infantil (EDI), que permite identificar oportunamente posibles dificultades en el lenguaje, el movimiento y otras habilidades.
Aunque su aplicación está contemplada en el Protocolo Nacional de Atención Médica de los Primeros 1000 Días de Vida, no todas las familias podrían tener acceso efectivo a ella. Y estas evaluaciones son importantes para todas las niñas y los niños, independientemente de sus niveles de exposición al plomo.
Por eso, queremos aprovechar espacios comunitarios como las Utopías para acercar estas evaluaciones a más familias. El proyecto contempla talleres de capacitación para personal que podría contribuir a ofrecer este servicio.
La intención es sentar las bases para que, con el apoyo institucional necesario, las evaluaciones del desarrollo infantil puedan convertirse en un servicio permanente en las Utopías participantes y beneficiar, con el tiempo, a los miles de familias que visitan estos lugares.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha señalado que la primera infancia y los primeros mil días de vida son una prioridad. El financiamiento de esta investigación representa un paso concreto en esa dirección.
Pero todavía hay mucho por hacer. Fortalecer las capacidades del personal, acercar los servicios a las familias y generar información detallada sobre exposición ambiental y desarrollo infantil podría beneficiar a comunidades que hoy tienen dificultades para acceder a estos servicios e incidir en la mejora de la calidad de vida de la población.
La semana pasada, en este mismo espacio, planteé la importancia de incorporar la salud ambiental a la estrategia “Vive saludable, vive feliz”. La educación ambiental también puede comenzar antes de la escuela, ayudando a madres, padres y personas cuidadoras a reconocer riesgos cotidianos y prevenirlos.
Experiencias como la que ahora iniciamos podrían contribuir a desarrollar modelos de vigilancia más específicos, que eventualmente puedan ampliarse a otras alcaldías y entidades federativas.
Este proyecto permitirá conocer mejor la exposición al plomo y el desarrollo infantil de sus participantes, además de generar experiencia para establecer sistemas de vigilancia que ayuden a orientar y fortalecer los servicios de salud, las intervenciones preventivas y las políticas públicas en la Ciudad de México.
El verdadero desafío no es solamente detectar el problema, sino evitar que siga comprometiendo el futuro de nuestras infancias.








