¡Qué inseguridad!

Tres hechos de sangre y varios asaltos ocurridos en los días recientes en San Cristóbal han puesto los pelos de punta de sus habitantes, pues a pesar de los patrullajes constantes de agentes de la Guardia Nacional, junto con policías estatales y municipales, se percibe un ambiente de inseguridad. 

Esta cadena comenzó con el asesinato de Octavio Ruiz Santiz, estudiantes de la Escuela Normal Indígena Intercultural Bilingüe Jacinto Canek, quien apareció muerto a finales de agosto, luego de permanecer casi una semana en calidad de desaparecido. 

El cadáver del infortunado joven tzotzil, originario del municipio de Chenalhó, fue encontrado tirado en la orilla del río Jordán, a la altura de la colonia Nueva Esperanza, en la zona norte de San Cristóbal. Fue visto con vida la última vez el 23 de agosto, cuando salió de trabajar de una tienda. 

Luego sucedió el homicidio del taxista, Esteban Hernández Hernández, ocurrido la noche del lunes pasado en la zona de La Garita, en la salida hacia Tenejapa, en el oriente de la ciudad coleta.  

El hombre fue asesinado con arma blanca y aunque le quitaron la cartera con lo poco que había ganado ese día -200 o 300 pesos, según algunas estimaciones- no está claro si el móvil del crimen fue el robo o alguna otra razón. 

El otro caso es el de Reynaldo Gutiérrez Jiménez, quien fue “levantado” la tarde del pasado domingo por cinco sujetos armados en la calle Arturo Urbina Estrada, en el barrio de San Ramón. 

De acuerdo con la información disponible, los cinco sujetos que portaban armas largas y cortas, lo subieron en un vehículo tipo Lanzer, color negro y se lo llevaron con rumbo a Chamula. Esto sucedió a plena luz del día (entre las 16 y las 17 horas) en una zona relativamente cerca del centro y con mucho tráfico vehicular. 

A pesar de la movilización policíaca no fue posible localizarlo. Su cuerpo fue encontrado semienterrado el lunes en la zona del Arcotete, en el oriente de la ciudad, coincidentemente por el rumbo en el que fue asesinado el taxista. Al parecer trabajaba en la Fiscalía Zona Altos. 

Al igual que el del normalista y el del ruletero, el caso de Gutiérrez Jiménez está muy raro. En ninguno de los casos se ha establecido el móvil. Las autoridades ya investigan las causas de los tres crímenes, por lo que habrá que esperar para saber qué hay detrás de estos lamentables hechos que en menos de diez días han enlutado a tres familias. 

Pero además, en los días recientes han ocurrido robos y asaltos en algunas zonas de la ciudad, lo que significa que la delincuencia está desatada. 

Lo cierto es también que de manera cíclica, por decirlo de alguna forma, de repente suceden crímenes como estos que provocan temor y zozobra entre la sociedad. A algunas personas mal pensadas les llama la atención que tales sucesos ocurran a veces cuando se acercan las elecciones y campañas políticas o en pleno proceso. 

Quienes así piensan, dejan entrever que no siempre son producto de la casualidad, sino orquestados por políticos interesados en evidenciar la inseguridad con el fin de golpear políticamente a las autoridades en turno, sean del partido que sean. Quién sabe si sea real, pero es una posibilidad que no se puede descartar. ¿Acaso alguien está interesado ahora en desestabilizar o es mera casualidad que la delincuencia común esté haciendo de las suyas? Aunque no existen evidencias, las sospechas siempre estarán presentes. 

Los patrullajes coordinados entre la Guardia Nacional y agentes municipales y estatales son notorios y en algo han logrado inhibir hechos delictivos, pero parece que no es suficiente con eso porque son muchos los delincuentes comunes, más los políticos interesados en generar desorden, que buscan hacer de las suyas por intereses personales. 

A lo anterior habrá que agregar dos hechos más que no están relacionados con la inseguridad, pero que igual han provocado nerviosismo entre la población: La decisión de un hombre de lanzarse desde el puente San Cristóbal -¿o fue homicidio?-, y la de otra una mujer que hizo lo propio desde un tercer piso de un hotel ubicado en el barrio de Santa Lucía. 

De todos modos, la población exige mayor seguridad porque esa es la obligación de las autoridades de los tres niveles, ya que para eso se pagan impuestos. 

Por lo pronto, la sociedad coleta está muy nerviosa y temerosa por estos tres crímenes ocurridos en los días recientes y por los robos que también se han incrementado, por lo que exige a las autoridades de los tres niveles de gobierno actuar con mayor fuerza para garantizar la seguridad de la población. 

Ojalá, pues, que los gobernantes y la policía se apliquen para que haya seguridad para todos los habitantes de San Cristóbal, que ya no ven lo duro sino lo tupido. 

Picotazos

Con la novedad de que el inquieto Juan Shilón de la Cruz, autoproclamado presidente de un inexistente concejo municipal de Chamula, fue detenido nuevamente por policías estatales, por incumplir su compromiso de permanecer en prisión domiciliaria. Este dirigente no sólo no cumplió con el acuerdo, sino que en diciembre tomó otra vez la alcaldía de Chamula, por lo que el ayuntamiento que preside el morenista Ponciano Gómez Gómez ha tenido que buscar otro local para despachar cerca de la cabecera municipal o en San Cristóbal, en la casa del tesorero municipal, Mario Collazo Gómez. Ojalá en esta ocasión todo mundo en Chamula -sobre todo los funcionarios- se cuide porque habrá que recordar que Juan Shilón fue liberado del penal de El Amate en octubre pasado, debido a que su gente mantenía retenidas a varias personas, entre ellas el segundo regidor tradicional, Mariano Sántiz Méndez y Eleuterio López González, hijo del síndico tradicional, Salvador López González. Como en esa ocasión, su gente tratará ahora de buscar cómo presionar a las autoridades, al tiempo que sus patrocinadores que buscan regresar al poder municipal de Chamula, hacen lo suyo para tratar de ayudarlo y que sea excarcelado. Fin.