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Hoy Escriben - Elio Henríquez

Rotonda Pública

A juzgar por los hechos sucedidos la madrugada de este lunes, ya no se sabe a estas alturas si en San Cristóbal de Las Casas algunas celebraciones se realizan con cohetes o con balazos. 

Resulta que por enésima ocasión, ayer por la madrugada se reportaron ráfagas de armas de alto calibre provenientes de la colonia Santa Catarina que fue fundada hace más de una década por invasores de los terrenos del antiguo Instituto Nacional Indigenista (INI), ubicados en el norte de la ciudad coleta. 

Diversas fuentes aseguraron que no se trató de un enfrentamiento entre bandas de los llamados Motonetos, sino que en Santa Catarina se celebraba una fiesta y les dio por tirar balazos al aire durante tres horas, aproximadamente. 

Lo malo es que dos personas que nada tienen que ver resultaron lesionadas por “balas perdidas”. Una de ellas es un empleado de la dirección de Limpia Municipal, identificado como Ramiro Gómez Pérez, quien recibió un balazo en la rodilla, por lo que fue internado en un sanatorio particular. 

El empleado estaba llegando para trabajar al sitio conocido como El Tívoli, en las inmediaciones del mercado público José Castillo Tiélemans y cerca de Santa Catarina, donde opera un depósito de basura, cuando le pegó la bala.  Fue pura mala suerte, pero por fortuna no fue herido de gravedad. 

También resultó lesionada una mujer identificada como Griselda Inés López Pérez, con una herida en un glúteo, presuntamente también por “una bala perdida”, por lo que fue trasladada al hospital de las Culturas en este caso no se dieron detalles acerca de cómo sucedió el hecho. 

Esa es la versión que se ha conocido, pero también trascendió que en realidad se trató de un tiroteo entre miembros de la denominada Coordinadora de Organizaciones por el Medio Ambiente para un Chiapas Mejor (Comach) y del grupo conocido como Los Quesos, unos atrincherados en el llamado Mercadito número 2 y otro en Santa Catarina. 

De acuerdo con la especie, en Santa Catarina se celebraba una fiesta y ahí golpearon a uno de los integrantes de Los Quesos, lo que originó el tiroteo. 

Habrá que recordar que el dirigente de la Comach, Martín Pale Sántiz, asesinado a balazos en diciembre pasado, fue uno de los principales invasores de los terrenos del INI. Quién sabe si los balazos de la madrugada del lunes tienen algo que ver con su homicidio. 

Como haya sido, las potentes descargas intermitentes de armas de grueso calibre que se escucharon en varias zonas de la ciudad, ocasionaron alarma y zozobra entre muchos pobladores como ha ocurrido en ocasiones anteriores en que grupos de Motonetos han accionado sus armas. 

En muchas ocasiones ni siquiera se trata de enfrentamientos entre grupos rivales, si no que a algunos de sus integrantes les da por andar borrachos y/o drogados y desde sus lujosos vehículos comienzan a disparar al aire para “celebrar”, atemorizar a la población o simplemente para hacerse notar. 

Esto no es reciente, sino que ya tiene varios años que sucede, sobre todo en la zona norte de San Cristóbal, donde se asienta la mayoría de estos grupos, que nadie se explica por qué no han sido desarmados por las autoridades competentes. 

Si bien es cierto que con los patrullajes que realizan constantemente las fuerzas de seguridad de los tres niveles y con la detención de algunos dirigentes de grupos de pandillas que se movilizan en motocicletas han bajado un poco los hechos violentos en San Cristóbal, es necesario que las autoridades redoblen esfuerzos e incrementen las acciones preventivas para que vuelvan la paz y la tranquilidad de antaño. 

Como es lógico, cada vez que suceden hechos como los de ayer, a la población se le ponen los pelos de punta porque no es para menos estar escuchando ráfagas que resuenan en todo el silencioso valle como si de una guerra se tratara. 

Afectan, además, la actividad turística, pues muchas personas temen visitar la ciudad si existe algún riesgo para su seguridad personal, lo que perjudica a los prestadores de servicios del ramo. Ojalá que los líderes de estos grupos armados recapacitaran y se pusieran a trabajar en lugar de andar celebrando fiestas con balazos. 

Picotazos. Guatemala estuvo el domingo en una situación en extremo delicada, debido a que la oligarquía se negaba a reconocer al presidente Juan José Arévalo y a la vicepresidenta Karin Herrera. Fueron varios meses de incertidumbre desde que fueron elegidos mediante el voto popular hasta que, finalmente, con una demora de ocho horas, pudieron tomar posesión de sus respectivos cargos, gracias, en parte, a la presión internacional y de miles de guatemaltecos.  

Después de meses de persecución y uso descarado del aparato judicial para eliminar políticamente a Arévalo y su partido, Movimiento Semilla, ayer la élite político-criminal se atrincheró en el Congreso y retrasó por más de ocho horas el cambio de poderes. El gobierno saliente del ultraderechista Alejandro Giammattei, fue el responsable, además, de una persecución y uso descarado del aparato judicial para tratar de quitar del camino políticamente a Arévalo y su partido, Movimiento Semilla. Ojalá que la oligarquía, apoyada por Estados Unidos, no repita la invasión gringa o algo parecido orquestada en 1954 en contra de Jacobo Arbenz, quien encabezó el último gobierno democrático de ese país centroamericano colindante con Chiapas. Valga destacar el importante papel que en el caso actual ha jugado el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien estuvo insistiendo públicamente en que se respetara el voto popular y se permitiera a Arévalo tomar posesión. Desde ahora se sabe con certeza que al mandatario chapín no le será nada fácil gobernar esa nación, pues la oligarquía buscará descarrilarlo en la primera oportunidad. Ojalá que no.  Fin