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Hoy Escriben - Elio Henríquez

Rotonda Pública

Todavía no han iniciado las campañas políticas formalmente y ya el ambiente político nacional se ha comenzado a calentar entre la oposición y el partido gobernante con el presidente Andrés Manuel López Obrador por delante que no se deja de los ataques con los que pretenden debilitar su popularidad.

Todo estaba orquestado como un plan desde hace unas semanas cuando usando como ariete al periódico estadounidense The New York Times la derecha trató de responsabilizar al mandatario del financiamiento del narcotráfico en su campaña de 2018.

A exigencia del ejecutivo federal, el gobierno de Estados Unidos, algunos de cuyos sectores –la DEA, principalmente- están detrás también de la embestida, tuvo que salir a decir que en ese país no existe investigación alguna sobre el caso. ¿Más claro?

El mismo periódico ha reconocido que no tiene pruebas de las acusaciones, por lo que mientras no las presente, quedará más claro que todo ha sido parte de una campaña para tratar de minar al presidente.

Es curioso que en una campaña política no se ataque al o la candidata, Claudia Sheinbaum, en este caso, sino al presidente. La explicación es simple: es López Obrador el depositario de un gran capital político y una alta popularidad y la derecha ha entendido que es a él a quien hay que golpear políticamente para minar a la abanderada de Morena, el partido gobernante.

Uno de los problemas es que a diferencia de sus antecesores que estaban entregados, Andrés Manuel no se deja e igual le responde al gobierno de Estados Unidos que a The New York Times que llegó a tener mucha influencia que ahora no tiene.

Son pocos los mandatarios que como López Obrador y el presidente salvadoreño, Nayib Bukele son capaces de responder y de oponerse sin temor alguno al tú por tú con ese y otros medios como Univisión.

Y lo pueden hacer en gran medida porque manejan las redes sociales magistralmente y logran una penetración muy amplia para informar a la población o para expresar sus posturas.

Para nadie es un secreto que periódicos como The New York Times o The Washington Post se prestan muchas veces al juego y los intereses del gobierno de su país porque finalmente son empresas a las que les interesa el dinero, no informar con objetividad.

Está claro que se trata de una campaña con fines electorales y aunque The New York Times sabe que su texto no tiene elementos probatorios, sabe también que la mentira puede expandirse a través de los aliados para tratar de dañar la imagen del presidente mexicano y con ello provocar un posible descenso de Sheinbaum, que sigue por lo alto de las encuestas, con pocas posibilidades de que caiga al grado de poner en riesgo su triunfo.

Al ex canciller Marcelo Ebrard, que sabe mucho de estas cosas, le queda claro que se trata de una venganza de la DEA por las obligaciones legales que se le han impuesto en México para operar en el país.

“Que yo sepa el único país del mundo que impuso o ha impuesto a la DEA obligaciones exigibles en ley, es México, y eso no creo que sea fácil que se vaya a pasar por alto”, dijo a la prensa, al tiempo de señalar que el objetivo político de este tipo de publicaciones en el proceso electoral es “poner en entredicho la autoridad política del Presidente de México, como en su momento lo hicieron con el ex secretario de la Defensa”, Salvador Cienfuegos.

Algunos opositores califican de “arrogante” el tono que usa el presidente en contra del periódico estadounidense, como si ese medio fuera la humildad andando y no la soberbia impresa.

Día a día se va viendo cómo la oposición mexicana sigue al pie de la letra el libreto de primero orquestar una campaña –ahora ya no la del “peligro para México”, sino la del “narcopresidente”- y después vendrá la de la elección de Estado para exigir su anulación. Por eso es muy importante que Claudia gane con un margen de varios millones de votos, para que no haya forma de que le cuestionen el triunfo.

Por burda, es posible que la campaña del “narcopresidente” no tenga mayor impacto entre la población, más allá de los opositores de Morena que brincan de contentos pensando que incidirá en las elecciones.

Como que es más fácil y penetrante el discurso de la inseguridad en varias regiones del estado, pues eso está a la vista y no se necesita inventar nada, ya que mucha gente la está sufriendo.

De todos modos, si López Obrador tiene alrededor de 60 por ciento de simpatía entre los mexicanos, es suficiente para ganarle a la derecha, cuando menos este sexenio, aunque hay que esperar las elecciones del 2 de junio. En 2030 será muy difícil que Morena repita, pero eso se verá en su momento. No hay que olvidar que el partido en el poder gobierna 23 estados.

Mientras tanto, el panorama político nacional ya se puso alegre y divertido, aunque no para los fanáticos ni para quienes lo toman a pecho, de cualquiera de los dos bandos.

A partir del primero de marzo en que comenzarán oficialmente las campañas, las cosas se van a poner más emocionantes todavía y se pondrán en marcha las respectivas estrategias durante tres meses.

Picotazos. La guerra entre Rusia y Ucrania cumplió dos años y no se ve para cuándo llegue el fin, a pesar de la destrucción humana y material que ha dejado. Sólo en Ucrania, según su presidente Volodymir Zelensky, han muerto más de 30 mil soldados. La madrugada del 22 de febrero de 2022, el presidente ruso, Vladimir Putin ordenó invadir Ucrania y hasta ahora ni Moscú ni Kiev están cerca de ganar esa guerra absurda (como todas las guerras). Es posible que Ucrania termine cediendo, aunque mientras mantenga el apoyo de Estados Unidos podrá resistir. Y por el mismo camino va la guerra entre Israel y Palestina (el epicentro está en la ciudad de Gaza), donde la destrucción de este último no tiene fin, pero a las potencias como Estados Unidos –otra vez- poco les importa que muera y sufra la gente si está asegurada la venta de armas que le representan muchos millones de dólares. ¡Qué triste! De verdad. FIN