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Hoy Escriben - Elio Henríquez

Rotonda Pública

Bien movido comenzó el nuevo año con un sismo de intensidad 6.5 que el 2 de enero sacudió la capital y buena parte del sur del país, pero lo más grave ocurrió en Venezuela, donde el gobierno de Estados Unidos encabezado por el republicano Donald Trump rompió el orden internacional e impuso la ley de la selva, lo que modificará la geopolítica mundial.

Invasión un poco extraña que da para pensar muchas cosas, pues casi inexplicablemente se llevó a cabo sin mayor violencia. Cuando menos dos preguntas surgen de botepronto: ¿Hubo un acuerdo entre Trump y el presidente depuesto, Nicolás Maduro? ¿Se trató de una traición del círculo cercano del mandatario? Cuba ha reivindicado la muerte de 32 integrantes de sus fuerzas armadas que presuntamente lo custodiaban, aunque no hay mucha claridad en la información.

Especulaciones diversas se han generado en todo el mundo, pues llama la atención que Estados Unidos reconozca, mientras le sirva, claro, a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, ungida como mandataria en lugar de Maduro. Es decir, sigue la misma estructura de gobierno. ¿O considera el trumpismo que por ahora no hay condiciones para imponer a alguien de la derecha? Eso hablaría del apoyo popular a Maduro, quien, por cierto, es indefendible.

No fue una invasión como las que los gringos, siempre buscando apropiarse a la buena o a la mala de los recursos naturales, realizaron antes en Irak, Siria, Libia y Afganistán, donde causaron una gran destrucción material y humana. Hace falta saber el saldo real de los daños por el bombardeo realizado la madrugada del sábado 3 de enero, pero todo apunta a que fueron menores en lo humano y material.

Vivo e ileso junto con su esposa Celia Flores, fue capturado Maduro y llevado a Nueva York, lo que habla de un posible acuerdo con los gringos, que lo primero que han hecho -si alguna duda había- fue disponer del petróleo para las empresas de Estados Unidos. Podría en ese caso hablarse de una salida hasta cierto punto digna para Nicolás que no se rindió públicamente y salvó la vida. En Venezuela reina la incertidumbre, pues nadie sabe qué va a pasar y por lo mismo, la derecha no ha salido a celebrar como sí lo han hecho venezolanos en otros países.

Existe la posibilidad, claro, de que la operación se haya llevado a cabo de manera quirúrgica, valga el término, y que por lo mismo no haya habido derramamiento de sangre.

No es muy creíble, sin embargo, que la inteligencia del régimen venezolano haya sido burlada de tal forma y que el sistema de defensa no haya sido capaz de impedir la captura del sucesor de Hugo Chávez. Claro, a esos niveles cualquier cosa puede suceder con acuerdos secretos de alto nivel. Con los meses y años se sabrá, pues más adelante podría suceder lo que recientemente con el expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, que fue indultado por intereses gringos.

Indefenso fue presuntamente capturado Nicolás, según puede notarse en la información difundida por diversos medios. No metió ni las manos que horas después fueron mostradas esposadas en fotografías que dio a conocer el gobierno de Trump.

Desde meses atrás había amagado Donald con intervenir de alguna forma en Venezuela, por lo que nadie puede decirse sorprendido, menos Maduro y su círculo cercano. Es de llamar la atención que incluso unos días antes del asalto, Nicolás dio una entrevista al periodista Ignacio Ramonet, quien contó que la plática se realizó inusualmente en un vehículo que el propio mandatario conducía por las calles de Caracas sin un aparato de seguridad visible. ¿Pecó de ingenuo o de soberbia o estaba dándole señales a Estados Unidos para que fueran por él?

Ocupación largamente anunciada podría decirse, sin que aparentemente Maduro haya hecho algo efectivo para impedirla, aunque está claro que la fuerza bélica respecto al país agresor es inmensamente desigual.

Es probable también que una eventual negociación entre Trump y Maduro -ambos hablaron por teléfono en términos supuestamente “cordiales” durante alrededor de 10 minutos en la última semana de noviembre- haya incluido el acuerdo de que la vicepresidenta Delcy Rodríguez quedara al frente del gobierno como está sucediendo hasta ahora.

Mundialmente ha sido condenada la invasión, lo que no debe de interpretarse como la defensa de Nicolás Maduro, acusado de dictador y represor por muchos de sus paisanos y por organismos defensores de derechos humanos.

Independientemente de esto último, lo que se ha cuestionado es la ruptura del orden internacional, lo que abre la puerta para que los países poderosos intervengan en otras naciones para apropiarse de sus recursos, como el petróleo y tierras raras en el caso de Venezuela.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha sido exhibida una vez más como un organismo obsoleto, incapaz de impedir la transgresión del derecho internacional, por lo que debe de repensarse si vale la pena conservarla como está.

Insuficientes o nulos han sido sus esfuerzos en el caso de Venezuela, lo que permitió que Estados Unidos hiciera lo que quisiera con ese país el 3 de enero de 2026 para tratar de recuperar la hegemonía perdida y seguir saqueando los recursos naturales de otras naciones.

Otro habría sido tal vez el desenlace si desde hace cinco meses en que el país de las barras y las estrellas comenzó la agresión militar con la presencia de barcos en el mar Caribe, la ONU hubiera tomado cartas en el asunto. De refilón, hay que decir que la operación ejecutada por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, de liberar en julio pasado a 252 reos venezolanos deportados de Estados Unidos y recluidos en una cárcel de alta seguridad del país centroamericano a cambio de la excarcelación de diez estadounidenses presos en Venezuela, dejaron a ese país sin la posibilidad de presionar a los gringos y tenerlos como moneda de cambio. ¿O se empezaba ya a allanar de esa forma el desenlace del 3 de enero? Fin