¿San Benito Martínez?
Qué polémica tan fenomenal con una gran cantidad de comentarios y reacciones de todo tipo provocó el cantautor puertorriqueño, Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido mundialmente por su nombre artístico de Bad Bunny, luego de su presentación en el espectáculo del medio tiempo del Supertazón 60 de la NFL, que tuvo lugar el domingo en Santa Clara, California, Estados Unidos.
Desde antes del decepcionante encuentro entre los Patriotas de Nueva Inglaterra y Los Halcones Marinos que se alzaron con el triunfo, se hablaba más de este singular espectáculo que se ha convertido en uno de los máximos ejemplos del capitalismo que no muere, sino que se acomoda a los tiempos, que del propio juego.
Hubo en torno al partido, pero sobre todo de Bunny, gran variedad de apuestas, desde su vestuario, con qué canción abriría, qué cantante le acompañaría, los minutos que actuaría, etcétera, etcétera.
De hecho, se habló más de él que del encuentro, que pasó a segundo término, y más cuando finalizó porque el espectáculo fue algo pobre, lejos de las emociones de encuentros anteriores. La emoción que le sobró al espectáculo del puertorriqueño faltó en la cancha.
El fenómeno universal en que está convertido Benito no defraudó a quienes esperaban un mensaje en defensa de los migrantes y su reivindicación de América Latina, desdeñando el discurso no sólo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sino de muchos habitantes de ese y otros países, incluso, que excluyen al resto de naciones del continente con el gentilicio de “americanos” para referirse a los nacidos en la tierra del Tío Sam.
Lo anterior quedó bien marcado cuando el cantante mencionó uno por uno a los países del continente americano y el de Estados Unidos lo pronunció en inglés, además de que cantó en “su” español. No hay nadie de su talla. Algunos ya casi le dicen “San Benito”.
Da la impresión de que en todo esto algo hay de contradicción e ironía porque el multicitado cantante es de Puerto Rico, territorio no incorporado de Estados Unidos, y por tanto ciudadano de ese país, sin que se le pueda expulsar como a un migrante más. Al ondear las banderas de las naciones de América, abogó por la soberanía de Puerto Rico.
El ambiente en general fue adverso al mandatario. Pareciera que el propio Trump está minando a la nación de la bandera de las barras y las estrellas. Dicen algunas personas que el presidente ha hecho más que todos los antiimperialistas del mundo para destruir el poderío de la potencia en aparente decadencia.
Quién iba a decir que la NFL, la mayor liga de fútbol americano profesional de Estados Unidos, se atrevería a presentar a Bad Bunny, sabiendo que no es santo de la devoción de Trump por criticar su política migratoria y su intento de apropiación de otros países.
Podría decirse que la NFL se encargó de hacerle un touchdown (equivalente a un gol de algún modo) a los conservadores encabezados por Donald.
Claro, las ganancias fueron exorbitantes. Negocio es negocio. Es uno de los eventos más mediáticos de cada año. Mas de 130 millones de personas vieron el partido y el show, más el show que el partido.
En el ámbito nacional, el gobernante partido Morena anda, otra vez, metido en esos temas que nadie quisiera escuchar, salvo la oposición porque la surte de pólvora inmejorable para tratar de minarlo, ya que la semana pasada fue detenido el alcalde de ese municipio con nombre de uno de los tragos más mexicanos: Tequila, Diego Rivera Navarro, a quien las autoridades investigan junto con tres funcionarios municipales más por “manejar esquemas de extorsión a empresas cerveceras y tequileras en la entidad, además de estar relacionado con una célula delictiva del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG)”.
Es una acusación muy grave y lo peor es que muchos ciudadanos en distintos municipios del país sospechan que sus alcaldes que han sido cobijados por ese partido están en similares circunstancias, pero no han sido investigados como Rivera Navarro, quien al parecer ya era descarado en su forma de operar.
Ese tipo de cosas y casos más las barredoras son los que le están haciendo daño a Morena y si la dirigencia no pone un alto, poco a poco le pueden ir apareciendo más Diegos Rivera que a la hora de las elecciones le resten votos.
Ahí está también el caso de la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, que está peleando con los diputados de su propio partido ocasionando un gran daño a Morena. Ni Alito, el acérrimo adversario político había logrado lo que la mandataria. ¿O es que el dirigente nacional del PRI está metiendo la mano para dividir?
Alguien desde el centro debería de llamarle la atención a la gobernadora porque se la pasa de desfiguro en desfiguro, como si no fuera ya un exceso la persecución en contra de periodistas y otros sectores. Es una de esas y esos gobernadores enfermos de poder, cuando muchos esperaban que los de Morena fueran diferentes. ¡Qué triste!
Pero las cosas no terminan ahí: También está el caso del diputado Saúl Monreal, quien se aferra a la candidatura de Morena a la gubernatura de Zacatecas, estado que esa familia ha tomado como si fuera de su propiedad, tratando de burlar los acuerdos internos del partido sobre nepotismo. Esa entidad gobernada por David Monreal, por cierto, está sumida en la violencia.
Es cierto que Saúl tiene la opción de que el PT le preste las siglas para competir, y posiblemente ganaría porque contaría con el apoyo de su hermano el gobernador, usando recursos públicos para su campaña, pero a la mejor con algún costo político porque la presidenta Claudia Sheinbaum no estaría muy conforme, como muchos otros dirigentes de Morena.
Otra posibilidad es que la familia Monreal liderada por Ricardo esté estirando la liga para tratar de negociar que la candidatura se la dé Morena a alguien más de su grupo, no necesariamente a Saúl, para seguir manteniendo el poder y le pavimente el camino para el siguiente sexenio. Fin








