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Hoy Escriben - Elio Henríquez

Rotonda Pública

La clave, una mujer

Ahora ya se sabe que, como ocurre en muchos casos de capturas de personajes relevantes, la clave fue una mujer. Sí, una cita sentimental ayudó a dar con el paradero de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, abatido el pasado domingo en Jalisco, con lo que el Estado mexicano ha dado uno de los golpes más importantes y espectaculares en contra del narcotráfico en el país.

Las citas amorosas llevan muchas veces a la perdición a los hombres. Es muy probable que “El Mencho” haya tomado todas las precauciones en ocasiones anteriores, pero ahora se confiaron él y su equipo de seguridad y las faldas como se dice coloquialmente, fueron la “cola” que necesitaban los integrantes de la inteligencia militar del país para llegar hasta donde se encontraba y tratar de capturarlo.

Como suele suceder en esos casos, se desató la balacera con resultado de muertos y heridos, entre estos últimos, Oseguera Cervantes, quien por cuestiones de seguridad lógicas fue trasladado en helicóptero a Morelia, Michoacán, para luego ser llevado a la Ciudad de México, pero falleció en el trayecto, consumándose así uno de los dos únicos caminos para capos de ese nivel: la muerte o la cárcel.

La reacción de su grupo fue feroz, sobre todo en Guadalajara y estados vecinos a Jalisco, donde los integrantes del cártel de las cuatro letras desataron una ola de bloqueos carreteros y quema de comercios y vehículos para impedir que llegaron refuerzos de las fuerzas de seguridad y para sembrar el pánico. Ver unidades y locales comerciales en llamas impacta mucho psicológicamente.

El costo humano y material del operativo del domingo en Jalisco fue muy alto: perdieron la vida 25 elementos de la Guardia Nacional, un custodio y un elemento de la Secretaría de Seguridad de Jalisco, además de una mujer, según informó el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, aparte de los presuntos delincuentes caídos.

Haciendo el recuento es imposible no retroceder al 17 de octubre de 2019, cuando las fuerzas armadas liberaron a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, que ya estaba acorralado en Culiacán. Debido a que sus sicarios tomaron las calles de la ciudad, dispararon con armas de fuego de alto poder y tomaron de rehenes a militares, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador dio la orden de que lo dejaran ir para evitar un baño de sangre que afectara a la población civil, sobre todo. (Daños colaterales se decía durante la administración del panista Felipe Calderón, que emprendió una guerra contra el narcotráfico).

Ese hecho fue visto como una derrota del Ejército Mexicano, pero seguramente se salvaron muchas vidas, incluyendo, claro, la del propio Ovidio y de otros narcotraficantes a su servicio, sin que ello signifique necesariamente su protección. A eso se refería López Obrador con “Abrazos, no balazos”, lema principal de su estrategia contra el narcotráfico, pero muchos, sobre todo sus opositores, no lo entendieron así, aunque cierto es también que en muchas ocasiones bien se pudo combatir a los capos sin tanto costo humano.

Y cómo son las cosas. Ahora que el Cártel Jalisco Nueva Generación desató la ola de bloqueos e incendios tras la muerte de su líder, muchos opositores pusieron el grito en el cielo, que cómo era posible que estuviera pasando tal cosa en el país. Hasta hace poco pedían a gritos que a los narcos se les combata de esa forma. ¿Entonces? No les interesa la seguridad, sino sus intereses personales o grupales.

Parece que en el caso de “El Mencho” no había vuelta de hoja y las fuerzas de seguridad tenían que llegar hasta el final, sí o sí, pasara lo que pasara, no solo porque ya lo tenían bien ubicado y estaban bien preparadas para no fallar, sino porque no había población civil tan cerca al sitio del enfrentamiento como para ponerla en riesgo. Era ahora o nunca.

En el fondo significa también un cambio de estrategia del actual gobierno respecto a la de López Obrador, sin llegar al extremo de la guerra de Calderón, pues no es una guerra abierta, sino contra objetivos precisos de gran poder militar y económico como los de “El Mencho” y su CJNG, que tiene presencia en muchos países. No hay que olvidar que en junio de 2020, ese grupo emboscó al entonces secretario de Seguridad de la Ciudad de México, García Harfuch, que de milagro sobrevivió y ahora tuvo la revancha.

Tampoco hay que ignorar que el exitoso operativo del domingo sucedió en medio de las crecientes presiones de Donald Trump sobre México para apurar el paso en el combate de los cárteles que operan en nuestro país. Los resultados favorables desactivan de momento a las voces de la derecha que piden que Estados Unidos intervenga en territorio nacional.

Como ocurre muchas veces en casos de esta naturaleza, algunos personajes de la oposición trataron de aprovechar la situación de caos, sobre todo en Guadalajara, para criticar a la presidenta, a la par que se dio como nunca una peligrosa campaña, sobre todo en redes sociales, con la difusión de mentiras, incluyendo versiones de que Rubén Nemesio había sido capturado y asesinado por fuerzas estadunidenses. Sí hubo colaboración. Lo raro es que los objetivos a destruir el domingo por el CJNG no fueron la embajada ni consulados del vecino país del norte, sino los bancos del Bienestar, símbolo del gobierno de la 4T, y las tiendas de la cadena Oxxo. Estas últimas tal vez solo como estrategia de protección y señal de enojo. Por eso, por confiables y otras cosas, los medios tradicionales no van a desaparecer.

La expectativa ahora es saber qué va a pasar con el CJNG y qué hará en lo sucesivo con todo el poder que tiene, ya que la pérdida del máximo líder no significa su desaparición, por lo que el gobierno tiene que estar preparado para todo.

Para la historia quedará la imagen del general Ricardo Trevilla quebrándose la voz en la conferencia mañanera al hablar de las bajas militares, lo que habla de su sensibilidad y del sentido de familia en la Sedena. Fin