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Hoy Escriben - Elio Henríquez

Rotonda Pública

Rocha Moya, otra vez

EU en guerra con Canadá

El sorpresivo regreso del gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, al palacio de gobierno de Sinaloa durante apenas 34 horas, movió nuevamente las turbias aguas políticas no solo en ese estado y puso en aprietos a la presidenta Claudia Sheinbaum y al morenismo.

¿Por qué sin consulta aparente a los altos niveles del gobierno se apresuró el mandatario a retornar al poder estatal el viernes pasado? ¿Tenía alguna información que le filtraron de que podría estar próxima su detención y se refugió en el fuero? Es una posibilidad que pudo precipitar su decisión.

En los tiempos del presidencialismo autoritario priista no hubiera sido muy difícil que un gobernador se atreviera a tomar una decisión de este tipo y en su caso habría sido frenado de inmediato por el dedo que entonces despachaba en Los Pinos.

Ahora bastó un mensaje de la presidenta en redes sociales sin siquiera citar el nombre del gobernador para que echara reversa 34 horas después, porque, además, sus homólogos y compañeros de Morena lo descobijaron y apoyaron a la mandataria.

Lo que queda claro a la luz de cómo se desarrollaron los acontecimientos del viernes al sábado es que el mandatario sinaloense se fue por la libre.

Como sucede en estos casos, rápido se hicieron especulaciones de todo tipo, empezando con que ese hecho significa una ruptura entre Sheinbaum y su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, algo que no se aprecia, cuando menos públicamente.

La situación personal de Rubén Rocha es muy complicada y tal vez su destino próximo sea quedarse solo y acosado, la cárcel o incluso la muerte porque los intereses que se mueven a su alrededor son muchos, incluso tal vez con tintes de seguridad nacional por la injerencia del gobierno de Estados Unidos.

Dadas las presiones del presidente Donald Trump, lo que más conviene al gobierno mexicano es que Rocha Moya sea apresado y en su caso juzgado en México, si es que la Fiscalía General de la República le encuentra algún delito, de preferencia, no relacionado con el narcotráfico, sino con el crimen de Héctor Melesio Cuén Ojeda, por ejemplo, asesinado el 25 de julio de 2024 en Culiacán, semanas antes de que asumiera la diputación federal plurinominal por el PRI.

Arrestarlo y mantenerlo en el país le da al gobierno federal el argumento de que en México se castiga y aplica la ley por igual. Enviarlo del otro lado de la frontera le daría a la oposición y al mismo gobierno gringo, el pretexto para seguir machacando mediáticamente con el tema del narco Estado.

El domingo se anunció que el Congreso de Sinaloa sesionaría ayer a las 8 de la mañana, pero el cónclave se difirió, porque posiblemente había muchos jaloneos por ver quién concluirá como sustituto el desastroso sexenio que comenzó Rocha Moya; si es alguien de su grupo político o no. Al cierre de este texto no se había realizado.

El gobernador con licencia dos veces se ha convertido en un verdadero problema para la presidenta, para su gobierno y para Morena por todo el desastre en que ha convertido a Sinaloa y sus presuntos vínculos con grupos de dudosa procedencia, aunque, es cierto, esta es la hora en que Estados Unidos no ha mostrado pruebas, lo que no significa que no las tenga.

La pregunta es cómo la mandataria mexicana se va a quitar de encima el problemón llamado Rocha Moya, y al mismo tiempo, cuál será el destino inmediato de él, sobre todo en lo judicial, porque en lo político parece que ya está desahuciado.  

Mientras esto sucede en México, más al norte se ha desatado una guerra comercial y arancelaria entre Estados Unidos y Canadá, luego de que el primero decidió otra vez imponer aranceles generalizados de 50 por ciento a las importaciones de su vecino.

Canadá respondió ahora sin tibiezas en voz de su primer ministro, Mark Carney, quien dio por concluidas las negociaciones y advirtió que su país “igualará los nuevos aranceles de Washington dólar por dólar, con el fin de proteger a los trabajadores, agricultores, familias y empresas canadienses”.

También dijo que “a principios de esta semana creíamos que avanzábamos hacia un acuerdo mutuamente beneficioso”, pero que a última hora los negociadores enviados por Donald Trump propusieron nuevas condiciones que son económicamente inviables e injustas, y que intentaron restringir “nuestra capacidad de firmar nuevos acuerdos comerciales”.

Con su arrogancia, la marca de la casa, el gobierno de Donald Trump amenazó el domingo, a través de su secretario de Transporte, Sean Duffy, con provocar un “impacto devastador” en la economía de Canadá vaticinando que este regresará pronto a las negociaciones, al tiempo de reprochar que Canadá debe convertirse en el estado 51 de la Unión American, pues “quiere los beneficios de ser un estado sin serlo”.

¿Estará pensando Trump en desbarrancar las negociaciones del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) o son simples rabietas y coletazos por su derrota en la guerra que junto con Israel emprendió el 28 de febrero en contra de Irán y que según él duraría poco tiempo? ¿O es también para ganar votos en las elecciones intermedias de noviembre porque enfrenta el nivel más bajo de popularidad de su mandato?  

Canadá y México han reiterado la necesidad de renovar el T-MEC lo antes posible para dar certidumbre a empresas y trabajadores de los tres países de Norteamérica, pero el gobierno de Donald se ha montado en su macho en mantener negociaciones bilaterales separadas con ambos países. Ya se vio que con Canadá no solo no avanzaron, sino que terminaron en una confrontación arancelaria que si no se salva podría ponerse en riesgo la continuidad del T-MEC. Fin